martes, 15 de septiembre de 2009

RESCATAR UN DROGADICTO 1RA PARTE

Solo una sobredosis de amor y compasiòn puede ayudar.
Los que hemos hallado el camino de la vida abundante en Cristo estamos aquí en la tierra para sembrar esperanza y ayudar a  que otros hallen también este camino. La obra de las tinieblas parece avanzar a pasos agigantados y el enemigo no descansa, mientras muchos creyentes parece que estamos de turistas en esta vida, obviando la gran tarea que Dios nos encomendó realizar.
 El pasado domingo, desde el púlpito de la Iglesia Bíblica Cristiana en mi pueblo natal, escuché una predicación en la que se estableció cuándo los creyentes podemos entender que es hora de sentarnos: solo cuando hallamos cumplido con nuestra misión. Así lo planteó el predicador José Benítez, usando como referencia las veces en que la escritura habla de que Jesús se sentó.  (Busque en la Biblia el libro de Hebreos 1: 2; 10: 12 y 12: 2)
Así que, saliendo del templo, hay que reasumir la tarea del evangelismo, que sin duda resulta compleja si la enfocamos desde la perspectiva de la diversidad de grupos humanos que debemos alcanzar para el Señor.
A  mi el tema del  narcotráfico y el consecuente auge de la drogadicción me tiene perpleja, pues esto ha alcanzado en toda Latinoamérica niveles preocupantes hasta el punto de poner en peligro la paz social con el incremento de la delincuencia y los crímenes. Este flagelo está destrozando a la juventud. Los esfuerzos que hasta ahora hacen algunas instituciones  no son suficientes ni en alcance ni en efectividad; pero tengo por cierto que cuando Cristo  entra en la vida de uno de esos jóvenes, quebrantando el poder de la droga, éste queda transformado en una nueva criatura, y la obra que cristo empieza en esa vida, si le acompañamos en el proceso, tiene como resultado una vida totalmente liberada, lista para entregarse productivamente a la sociedad. Conozco más de un testimonio que respalda lo que digo. Yo agradezco inmensamente a Dios por  las personas que se han  preocupado y arriesgado para rescatar estas vidas. No es fácil, implica mucho amor, mucha paciencia y muchos recursos que la mayoría no quiere aportar.
El adicto tiene la desgracia de ser desahuciado por la sociedad y en muchos casos hasta por su propia familia. Por eso , cuando se recaudan fondos para ayudar a esta causa, se nota la apatía de aquellos que piensan que si alguien se buscó meterse en ese submundo del que se hace tan difícil retornar, que si alguien defraudó a su familia, a sus amigos, e incluso delinquió para mantener su vicio, esa persona no merece ser ayudada. Lo entregan a un destino fatal.  Lo que llega a mi corazón es la pregunta: ¿Quién de nosotros merece ayuda de algún tipo si nos vemos ante la realidad de que todos somos pecadores necesitados de la gracia de Dios? ¿A quienes vino Cristo a buscar y a salvar sino a lo que se habían perdido?  Creo que debemos volver nuestro rostro hacia aquellos de quienes Jesús tenía profunda compasión, y por quienes dio su vida.
El adicto es una persona que pasa la mayor parte de su tiempo bajo depresión cuando no está bajo el efecto de las sustancias. Es un individuo infeliz, inseguro y triste en lo más profundo de su ser, sufre muchos desprecios y está sediento de amor aunque parezca una persona violenta y peligrosa.
Para tratar con ellos es necesario tomar en cuenta algunas cosas:
v     Solo la palabra de Dios será capaz de transformar esas vidas
v     Emocionalmente, el adicto es una persona con grandes heridas
v     Es una persona con alto grado de problemas familiares por la condición de su vida.
v     Carece de amigos
v     Tiene delirio de persecución,
v     Es muy suspicaz
v     Sufre ansiedades profundas
v     Se refugia en la mentira y por lo general su medio de escape es el suicidio.
Parar acercarse a un adicto  se debe hacer con confianza, seguridad y dotado de una sobredosis de amor y paciencia. Lo ideal es que el acercamiento de un evangelizador personal sea en el plano del mismo género. El mensaje debe ser positivo, no irritante, ganando al adicto primero como amigo y haciéndole sentirse importante, porque lo es.
Continuará…