"Si no quieres perderte en el olvido tan pronto como estés muerto y enterrado,escribe cosas dignas de leerse, o mejor aún, haz cosas dignas de escribirse... - Benjamin Franklin


domingo, 13 de abril de 2014

LA VID VERDADERA




El fruto de la vid es mundialmente apreciado por su especial utilidad para la fabricación de vinos. La industria del vino es hoy una ciencia y un arte. Especialistas refinados pueden distinguir con oler, mirar y saborear qué tipo de uva dio origen al líquido expuesto en la copa. Es una milenaria tradición. Las uvas, en sí mismas, son frutas de colores y sabores muy diversos, favoritas de una gran mayoría. 

En los tiempos de Jesús la plantación de viñedos era abundante y muy bien cuidada. Por eso,  el usar la metáfora de la vid tiene una poderosa significación tanto para los primeros seguidores del maestro, como para los que hoy profesamos la fe cristiana. 

En el Evangelio de Juan, capítulo 15, Jesús dice que él es la vid verdadera; Dios el Padre es el viñador, labrador, cuidador de la vid; Sus seguidores, aquellos conectados al tronco, son los pámpanos o ramas que, alimentados por la savia que produce la vid, son capaces de fructificar. Es facultad del Padre Viñador podar (probar) a estas ramas para que den aun más fruto. 

Triste el caso de los que, pretenden ser parte de la vid pero no lo son, y por tanto, no producen fruto. También aquí entra el viñador para separar estas ramas estériles, que entonces terminan secas y son arrojadas a fuego. Es una metáfora de juicio. 

Hoy, Jesús, la vid verdadera, se hace representar por el Espíritu Santo para ayudarnos a mantenernos conectados con él y ser testigos de su amor, de su poder y de su interés de insertar aun más ramas productivas a su vid. El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza. ¿Eres parte de la vid? ¿Qué frutos produce tu vida?

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