"Si no quieres perderte en el olvido tan pronto como estés muerto y enterrado,escribe cosas dignas de leerse, o mejor aún, haz cosas dignas de escribirse... - Benjamin Franklin


domingo, 7 de junio de 2015

ALERTA Y VIGILANTE



Un Popular humorista dominicano, en  uno de sus personajes caracteriza a un guardia de seguridad que pasa sus horas de servicio  acostado en el sofá de la casa que cuida y para colmo usa su escopeta de reglamento como almohada. 

Esta estampa , aunque se trata de una comedia, satiriza perfectamente una realidad  muy típica de mi país: el personal de seguridad  tiene fama  de dormirse, o al menos dormitar (porque muchas veces hacen rondas de 24 horas si no llega su relevo, o salen de 12 horas de servicio en un lugar, a hacer lo mismo en otro sitio).  También es muy frecuente que se distraigan de su función esencial (estar alertas y vigilantes para prevenir riesgos y amenazas al lugar y las personas que dan servicio).

  Algunas empresas de seguridad contratan personas inexpertas y le proveen muy poco entrenamiento, por lo que nunca se sabe qué puede pasar en una situación de riesgo. También, dichas compañías  suelen contratar personal ya  jubilado que han sido policías o soldados, personas envejecientes que por su situación económica tienen que seguir trabajando para sustentarse.  La paga es poca y las condiciones para trabajar, muchas veces están plagadas de carencias.
Por eso, a pesar  de contar con  estos servicios, hay personas y empresas que han sufrido  daños de robos y atracos, en los que poco o nada ha servido la seguridad vulnerable o  negligente  de un vigilante.
Pensando en esto, reflexiono que, en un mundo cada vez más inseguro, rodeados de amenazas de malhechores, hay una vigilancia superior, una protección de mayor nivel a la que podemos apelar: Dios nos ofrece su cuidado y protección, nos quiere servir de guardador. 

En los salmos, dos citas me hacen meditar sobre ello: Salmo 127: 1 “ …Si el SEÑOR no cuida la ciudad, en vano hacen guardia los vigilantes”. Implica que por más responsable, diligente y alerta que estén los guardianes, no hay garantía de total seguridad. Se requiere ampararnos en el cuidado provisto por Dios.

Y en el reconfortante salmo 91, el verso 4 dice “He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel”. Y me reconecto con la figura del guardián dormido. Podemos confiar que Dios si está alerta  y vigilante, sin ni siquiera cabecear por sueño. ¡Esa es la seguridad con la que me gusta contar!

En resumidas cuentas, nuestra tranquilidad y seguridad dependen de disfrutar de la protección de Dios sobre nuestras vidas. Cada día y en cada circunstancia clamo, “¡Dios, Cuídame! Cuida a mi familia, cuida a los que amo!” y confío que así sucede.






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