"Si no quieres perderte en el olvido tan pronto como estés muerto y enterrado,escribe cosas dignas de leerse, o mejor aún, haz cosas dignas de escribirse... - Benjamin Franklin


miércoles, 28 de agosto de 2013

CONSPIRADORES


¿Es posible que la cabeza de una persona justa pueda estar en manos de gente vil y malsana?  Pregúntele a Juan el Bautista.
“La voz que clama en el desierto”, precursor del mesías, es un modelo excepcional de humildad, sacrificio y dedicación. Con   sus dotes de líder innato y la autoridad de su carácter personal granjeó  muchos seguidores, a los cuales tuvo que aclarar que él no era el Cristo.  “Es necesario que  él crezca y que yo mengüe” llegó a afirmar. Los líderes religiosos y los gobernantes lo trataban a distancia, temiendo  a la credibilidad e influencia que Juan tenía en el pueblo llano.
Y para coronar sus méritos, el propio Jesús  lo consideró “el más grande entre los hombres”.  Pero… ¡Paradojas de la vida!, Conspiradores sin un ápice de virtud (al contrario, viciados de prácticas repugnantes), tienen la facultad de pedir y recibir la cabeza del siervo en una bandeja.
Pregúntele además  a Daniel, el profeta cuyos enemigos no hallaban tacha en él con la cual descalificarlo, y asecharon ávidos,  e intrigaron hasta lograr que fuera echado al foso de los leones.
Entonces no podemos sorprendernos, de que hoy día este cuadro se repita. Es complejo explicarlo, pero hay que estar conscientes de que es una realidad. Son las injusticias que se viven debajo del cielo, en este mundo caído, plagado de almas oscuras, que harán siempre lo posible por apagar las luces que pongan en evidencia sus malas prácticas.
El justo a conciencia siente la aversión, la hostilidad,  las maquinaciones, respira las amenazas silentes de gente ruina, acostumbrada a salirse con la suya por medios ilegítimos. Sí, hacer lo correcto le puede costar su cabeza.
¿Por qué Dios libró a Daniel y no libró a Juan?, eso tampoco puedo explicarlo, y lo pienso a la luz de la eternidad, y lo veo con los lentes de la fe en un Dios soberano cuyos dominios trascienden las fronteras de la muerte física.

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