"Si no quieres perderte en el olvido tan pronto como estés muerto y enterrado,escribe cosas dignas de leerse, o mejor aún, haz cosas dignas de escribirse... - Benjamin Franklin


martes, 6 de enero de 2015

RIESGO DE REPUTACIÓN: DE LO EMPRESARIAL A LO PERSONAL


Los especialistas en gestión de riesgo incluyen el tema del riesgo reputacional en su clasificación de los eventos y circunstancias que se constituyen en factores de riesgo para las organizaciones. Se trata de la posibilidad de que  una institución sufra pérdidas como consecuencia de un deterioro en la percepción que de ella tengan los clientes y potenciales clientes. Este deterioro en la imagen puede deberse a causas reales  o ficticias. 

Se trata de uno de los riesgos más difíciles de gestionar. En otros tipos de riesgo se juega con el “apetito”, definido como el grado de temeridad a que una institución se atreve a llegar en pro de resultados favorables (¿Qué precio estamos dispuestos a pagar si esto fallara?, pero ¿Qué tanto vamos a ganar si, arriesgándonos, lo logramos?)

No suele ser así con el riesgo de reputación.  Mitigarlo es una tarea preventiva constante, que incluye mantener los estándares de calidad y buen servicio que fortalezcan la imagen institucional: transparencia, excelencia en la atención, manejo de quejas de los clientes, y canales de comunicación disponibles para contrarrestar cualquier información desafortunada que pueda perjudicar a la organización.

Y esto del riesgo reputacional trasciende los linderos de lo empresarial y se aplica perfectamente en el plano personal para quienes tienen un genuino interés en desarrollar y mantener liderazgo en su área de  influencia y avanzar en el plano profesional. Bien dice el proverbio: “la mujer del Cesar no solo tiene que ser seria, sino, parecerlo”. Nos plantea el costo que tiene a veces para una persona el caer en la desgracia de que su buen nombre sea cuestionado aun sin razón, por una mala interpretación o un falso rumor.  

Me cuesta creer cuando hay personas que entienden que su “vida privada” no tiene que ver con su vida profesional. Yo tengo la percepción que sí tiene que ver y mucho, y que, incluso hay que administrar la libertad a la que se pueda entender se tiene derecho en pro de los objetivos de mayor trascendencia que podamos perseguir. ¿Que el hábito no hace al monje? pero lo identifica; ¿Dime con quién andas…?  puede dar un lectura de quién soy;  ¿Qué no importa el qué dirán, porque como quiera dicen?… ¿Realmente no importa? He visto personas talentosas echar a perder oportunidades profesionales por comportamientos que tal vez entendieron que estaban desligados de su ámbito laboral… a veces información que han provisto gratuita e imprudentemente en las redes sociales o en un lugar público y se convierten en su espada de Damocles.


Definitivamente,  hoy día la buena reputación es un activo, tan o más valioso que cualquier otra competencia profesional deseable. Administrarla lo mejor posible… esa es la cuestión. 



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