"Si no quieres perderte en el olvido tan pronto como estés muerto y enterrado,escribe cosas dignas de leerse, o mejor aún, haz cosas dignas de escribirse... - Benjamin Franklin


lunes, 27 de marzo de 2017

DESPUÉS DE LLOVER


Mi familia fue una vez damnificada. Los recuerdos hoy son vagos, pues era yo muy chica y ha pasado mucho tiempo. Sin embargo, puedo con certeza describir que salí de mi hogar junto a mis padres y hermanos esa madrugada, caminando con el agua hasta el nivel sobre mis rodillas. Días antes, el Huracán David había azotado mi país y tras él la tormenta tropical Federico provocó inundaciones de gran magnitud, con cuantiosas pérdidas humanas y materiales. Nos contamos pues, entre los desplazados  que por varias semanas esperaron en refugios a que las aguas descendieran hasta secarse para poder regresar al hogar y enfrentar el drama de las pérdidas materiales. 

La anécdota viene a colación esta semana a causa de mi relectura de la historia de Noé, en la Biblia. El libro de Dios describe la generación de los días de Noé como mala, corrupta y violenta. Palabras que asimismo aplican a la sociedad contemporánea. Un pasaje que pone en evidencia también la naturaleza de un Dios que es persona, y por tanto experimenta emociones tales como tristeza y pesar al ver la degradación del hombre que creó y al que ha dado incontables oportunidades de enmendar su camino y ponerse a cuentas con el creador.  La conclusión es poner límite a su paciencia y a la dilatada edad de un hombre perverso.

Acorta los días de vida al hombre, y decreta un diluvio universal que  raería de la faz de la tierra a todo ser viviente. Se   daría  la oportunidad a un hombre y una familia, de sobrevivir a la catástrofe: Uno  que sí anduvo con Dios y le obedeció en el emprendimiento  de construir un arca, un diseño práctico, sencillo, pero que se constituyó en el único lugar seguro a la hora que las fuentes de los abismos y las cataratas de los cielos desataron las aguas hasta entonces tranquilamente contenidas.  Todos los que estaban a bordo se salvaron y nada ni nadie fuera del arca sobrevivió.


Un año después, al salir del arca, se reinicia la adoración al Dios verdadero y un arco de colores en el cielo anuncia, que aquel juicio de destrucción con agua fue único e irrepetible.  De modo que, aunque hoy día aun experimentamos inundaciones que afectan personas y comunidades, después de llover la vida resurge y con ella nuevas esperanzas. 
Nos toca orar por las comunidades lastimadas por desastres naturales. Mostrar solidaridad es extender la mano a quien en su momento se torna vulnerable física y espiritualmente. Ahora es posible para todo aquel que cree, acceder al arca de salvación, que es obra de Cristo. 

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