"Si no quieres perderte en el olvido tan pronto como estés muerto y enterrado,escribe cosas dignas de leerse, o mejor aún, haz cosas dignas de escribirse... - Benjamin Franklin


domingo, 8 de abril de 2018

EL HIJO OBEDIENTE



El joven de 30 años camina  con pisadas firmes en dirección al rio.  A medida que se acerca escucha con mayor claridad al excéntrico predicador  que está anunciando  un reino distinto y predicando el arrepentimiento.

Juan el Bautista, dice no ser el mesías, sino uno que es la voz que  clama en el desierto, allanándole  el camino al verdadero. Vestido con piel de camello, está dentro del agua a poca distancia de la orilla, la suficiente para que los seguidores convencidos entren a las aguas y sean bautizados.

Entonces lo ve: Se trata de Jesús quien viene hacia él con la intención de ser bautizado. ¿Por qué? Se pregunta Juan, y nos preguntamos nosotros. Entiendo que esa era su forma de cumplir toda justicia. Era su manera de comenzar a identificarse con los pecadores y dar el ejemplo.  Por eso, los creyentes, con el bautismo nos identificamos con nuestro salvador en su muerte, sepultura y resurrección.

Cuando Jesús es sumergido y levantado del agua, algo espectacular ocurre; el evangelio dice que vio el cielo rasgarsey al Espíritu Santo descender sobre él como una paloma.  Lo más asombroso fue la voz del Padre manifestando su gozo  por la obediencia del Hijo.

La aprobación y validación de un padre satisfecho, creo que es la expectativa que muchos hijos aspiran tener como vivencia. Usualmente se produce cuando el vínculo de padre-hijo es doblemente virtuoso: Un hijo obediente con un padre amoroso y dedicado.

Nosotros, al llegar a ser hijos de Dios, tenemos  la oportunidad de replicar esta dinámica en nuestra relación con El.