En Mateo 7:7-14, Jesús
nos invita a acercarnos a Dios con confianza, pidiendo, buscando y llamando. Es
importante considerar que este pasaje es una continuación del contexto donde se
nos exhorta a no juzgar para no ser juzgados (Mateo 7:1-6). Ahora, Jesús nos
dirige a centrarnos en nuestra relación con Dios, recordándonos que Él es un
Padre amoroso dispuesto a responder nuestras oraciones.
Jesús
enfatiza que debemos tener una idea correcta de Dios: nuestro Padre celestial
que da buenas cosas a quienes se lo piden (Mateo 7:11). Esto nos enseña a orar,
no solo por nuestras necesidades, sino también por salvación, reconociendo
nuestra dependencia total de Dios. Lucas 11:13, un pasaje paralelo, añade que
Dios da el Espíritu Santo a quienes se lo piden, mostrando que lo más valioso
que podemos recibir es Su presencia en nuestras vidas.
En
el versículo 12, Jesús resume la enseñanza de toda la Biblia en una sola regla:
“Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así
también haced vosotros con ellos”. Esto implica un llamado a la empatía, la
verdad y el amor, independientemente de nuestras diferencias en política,
religión o cualquier otro ámbito. Si vivimos según este principio, nos
mantendremos fieles a la Palabra de Dios.
Luego,
Jesús habla de dos caminos: la puerta ancha, que lleva a la perdición, y la
puerta estrecha, que conduce a la vida (Mateo 7:13-14). El camino ancho puede
ser atractivo, pero su destino es desastroso. En cambio, el camino estrecho,
aunque difícil, tiene un destino glorioso porque nos lleva a Dios. Jesús dijo: “Yo
soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6).
Jesús no solo es el
camino, sino también el destino, porque Jesús es Dios. Al seguirle, encontramos
vida plena y eterna. Busca el Camino, Pide Salvación, llama, toca la puerta y
se abrirá para ti.
Imagen: Arnie Bragg from Pixabay
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