lunes, 29 de diciembre de 2025

LA OPCION DE LA QUIETUD

 


Pensamientos en el umbral de año nuevo

En la transición hacia un nuevo año vuelve a ocuparme un tema antiguo y persistente: el aburrimiento. Esa condición en la que muchos caen apenas se extingue la acción, la ocupación o el entretenimiento. Pareciera que hemos llegado a creer que nuestros sentidos no necesitan reposo y que deben permanecer siempre sometidos a una estimulación constante, cada vez más intensa.

En mi caso, pocas veces he llegado a ese estado. Hace tiempo me inscribí en la escuela de quienes buscan, aman y disfrutan la quietud, el silencio, la contemplación y la grata compañía de sí mismos.

Por eso me reconozco en las palabras de Pascal, cuando afirma que gran parte de la desdicha humana nace de no saber permanecer en silencio y a solas, y de preferir la prisa y la bulla antes que el ejercicio honesto de pensar.

También me cuento entre quienes, especialmente al final del año, se detienen en un proceso íntimo de autoevaluación. No se trata de torturarse, sino de escuchar con atención las preguntas que verdaderamente importan:

¿Quién soy y qué valoro?
¿Qué me apasiona hoy?
¿Qué dones me ha dado Dios y cómo los estoy ejerciendo?
¿Qué pasos necesito dar ahora para que mi futuro sea mejor que mi pasado?
¿Cómo quiero que me recuerden?

Aunque algunas respuestas tardan en llegar, este examen de conciencia culmina en un clamor al Altísimo, pidiéndole luz y dirección:

“Examíname, oh Dios, y sondea mi corazón;
ponme a prueba y sondea mis pensamientos.
Fíjate si voy por mal camino
y guíame por el camino eterno.”
Salmo 139:23–24

lunes, 22 de diciembre de 2025

LUCES DE SALVACIÓN Y ESPERANZA

Las emblemáticas antenas de Radio Trans Mundial en Bonaire, la isla holandesa en el Caribe, siguen cautivándome. En mi más reciente estadía de cinco semanas allí, tuve la oportunidad de disfrutarlas por dentro y por fuera. Por dentro, toneladas de cobre en sus bases se entrelazan en un diseño de ingeniería que transforma los programas en ondas sonoras. De día, recorres toda la isla sin perderlas de vista. Desde el mar, en un paseo nocturno en bote, sus luces son imperdibles. Me admiro del coraje de los jóvenes que escalan más de 750 pies de altura para darles mantenimiento.

Por sí solas, cuentan la historia gloriosa de muchas décadas de transmisión del evangelio con gran potencia, alcanzando una vasta región de las Américas y llevando la luz y la esperanza de salvación a personas en lugares de gran necesidad. Y pienso que estas antenas están contribuyendo al cumplimiento de la Escritura que dice: “Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar” (Habacuc 2:14).

Cada vez que una señal radial atraviesa fronteras, alcanza islas, selvas, ciudades y desiertos, se cumple un pedazo de esa visión profética. Las ondas invisibles llevan un mensaje eterno y, aunque no podamos verlas, su fruto es evidente: vidas restauradas, corazones consolados y fe naciendo en lugares impensados.

Quizás no todos podamos predicar desde un púlpito, pero cada palabra transmitida es una semilla sembrada. Y tú, al orar, apoyar o simplemente escuchar, también eres parte de esta misión.

Oración: Señor, permite que tu Palabra siga corriendo con poder, alcanzando corazones heridos, trayendo luz a la oscuridad y llenando la tierra de tu gloria, como las aguas cubren el mar. 

Publicado originalmente en el devocionario de RTM,  “Esperanza al Alcance”


lunes, 15 de diciembre de 2025

UN REGALO DE ESPERANZA

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.” Isaias 9:6

La Navidad nos invita a detenernos y contemplar un regalo que transforma la historia: Dios hecho niño. Isaías anuncia con siglos de anticipación que la esperanza no vendría con ejércitos ni poder humano, sino en la fragilidad de un recién nacido. En Jesús, Dios se acerca, se hace accesible, camina entre nosotros.

Cada nombre que Isaías menciona responde a una necesidad profunda del corazón humano. Cuando no sabemos qué decisión tomar, Él es Consejero. Cuando sentimos debilidad, Él es Dios Fuerte. En un mundo marcado por la ausencia y el temor, Él es Padre Eterno. Y en medio del ruido, el conflicto y la incertidumbre, Jesús se revela como el Príncipe de Paz.

La Navidad no es solo recordar un nacimiento, sino renovar nuestra confianza en que Dios sigue obrando hoy. Que al celebrar esta fecha, abramos nuestro corazón para recibir no solo al Niño en el pesebre, sino al Rey que gobierna con amor y trae paz verdadera a nuestra vida.


DIOS CON NOSOTROS


Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros… lleno de gracia y de verdad.” --Juan 1: 14-17

La Navidad nos recuerda un misterio profundo y cercano a la vez: Dios no se quedó distante, sino que se hizo carne y vino a habitar entre nosotros. El Verbo eterno se hizo visible, tocable, cercano. En Jesús, la gloria de Dios se manifestó no con poder imponente, sino con gracia, verdad y amor.

Juan nos muestra que, en Cristo, recibimos “gracia sobre gracia”. No es una gracia limitada o pasajera, sino abundante, renovada cada día. La ley reveló el camino, pero Jesús vino a mostrarnos el corazón del Padre. Él no solo enseña la verdad; Él es la verdad vivida entre nosotros.

En Navidad celebramos que Dios eligió entrar en nuestra historia, caminar nuestras calles y comprender nuestras luchas. Su luz sigue brillando en medio de la oscuridad, recordándonos que no estamos solos. Al contemplar al Niño que vino del cielo, somos invitados a recibir de su plenitud y a vivir transformados por su gracia y su verdad.


LA LUZ QUE VINO


 La Navidad proclama que Dios ha hablado de la manera más clara y definitiva: por medio de su Hijo. Ya no solo a través de profetas, señales o promesas futuras, sino en la persona de Jesús. Él es el resplandor de la gloria de Dios y la imagen misma de su sustancia, hecho visible para nosotros.

En el pesebre vemos humildad, pero en ese Niño habita toda la grandeza de Dios. Aquel que sostiene todas las cosas con la palabra de su poder eligió entrar en nuestra historia para ofrecernos salvación. Su nacimiento anuncia que el Dios eterno se acerca para redimir, purificar y restaurar.

Celebrar la Navidad es escuchar nuevamente la voz de Dios en Jesús, reconocer su autoridad y confiar en su obra completa. Al mirar al Niño nacido en Belén, recordamos que el Rey que vino a salvarnos sigue reinando con poder y gracia hoy.