miércoles, 6 de mayo de 2026

CUANDO EL MIEDO TE DOMINA

 


El miedo tiene una forma silenciosa de instalarse en la mente: preguntas sin respuesta, escenarios que no controlas y una sensación constante de incertidumbre. El Salmo 34 nos recuerda que el temor no se vence ignorándolo, sino llevándolo a Dios. “Busqué al Señor, y Él me oyó, y me libró de todos mis temores.” No dice que los temores no existían, sino que fueron confrontados en la presencia de Dios.

Elena, una madre soltera, recibió una llamada inesperada informándole que la empresa donde trabajaba haría recortes de personal. Esa noche casi no pudo dormir. Pensó en sus hijos, en la renta, en las cuentas pendientes. Mientras más pensaba, más crecía el miedo. Pero antes de amanecer, decidió sentarse en silencio con su Biblia abierta en el Salmo 34. No tenía soluciones inmediatas, pero comenzó a orar: “Señor, no puedo controlar lo que pasará mañana, pero sí puedo buscarte hoy.” Aquella oración no resolvió instantáneamente sus problemas, pero sí transformó su interior. El miedo dejó de gobernar sus pensamientos, porque ahora había puesto su carga delante de Dios.

Muchas veces el temor pierde fuerza cuando deja de ser un diálogo interno y se convierte en una conversación sincera con el Señor. Hoy puedes hacer lo mismo. Nombra aquello que te inquieta: el futuro, la salud, una decisión pendiente. Y luego entrégalo. Dios no solo escucha; también sostiene, guía y da paz aun en medio de la incertidumbre.


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