martes, 26 de mayo de 2026

SABOREANDO LA BONDAD DE DIOS

En algunos supermercados, especialmente cuando se promueve un producto nuevo, es común encontrar pequeñas estaciones de degustación. Allí, alguien ofrece un pequeño bocado mientras explica qué contiene ese alimento, cómo puede prepararse o con qué otros ingredientes combinarlo. La intención es sencilla: no solo hablarte del producto, sino invitarte a experimentarlo. Y muchas veces, basta una pequeña prueba para despertar el interés y motivarte a llevarlo contigo. De esa forma he adquirido comestibles que de otra forma tal vez nunca habría descubierto ni comprado.

El Salmo 34 hace una invitación parecida, pero infinitamente más profunda: “Gustad y ved que es bueno Jehová.” Es interesante que no dice simplemente “escuchen” o “aprendan” que Dios es bueno. Dice gustad. Eso implica experiencia personal. Significa probar por uno mismo, acercarse, descubrir, comprobar.

Muchas personas conocen acerca de Dios porque alguien más les habló de Él. Han escuchado sermones, leído versículos o recibido consejos espirituales en momentos difíciles. Pero existe una diferencia entre conocer información sobre Dios y experimentar personalmente su bondad.

Experimentar que Dios es bueno puede suceder de maneras muy sencillas y profundamente reales: en la paz inesperada que llega en medio de una preocupación, en una puerta que se abre cuando parecía cerrada, en la fortaleza para enfrentar un día difícil, en el consuelo recibido en un momento de tristeza, o en una respuesta clara después de mucho tiempo de oración.

Y, como ocurre con una degustación, una experiencia genuina suele despertar el deseo de más. Cuando experimentamos la fidelidad de Dios en un área de nuestra vida, nuestra confianza crece para seguir dependiendo de Él en otras.

Pero hay algo importante: nadie puede “gustar” por nosotros. La fe heredada, los testimonios ajenos y las experiencias de otros pueden inspirarnos, pero llega el momento en que cada persona necesita conocer personalmente la bondad de Dios.

Quizá hasta hoy has oído hablar de su paz, su provisión o su consuelo, pero no te has permitido acercarte con expectativa personal. La invitación del Salmo sigue abierta. Dios no se presenta como una teoría para analizar, sino como una realidad para experimentar.

Tal vez tu primer paso sea una oración sencilla y honesta: “Señor, quiero conocerte de manera real. Permíteme experimentar tu bondad en mi vida.”

Porque cuando uno realmente prueba la bondad de Dios, ya no depende únicamente de lo que otros cuentan; comienza a hablar desde su propia experiencia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Sus comentarios son bienvenidos!