Hay temporadas
en la vida donde parece que una dificultad apenas termina y otra comienza, y a
veces manejamos varias situaciones desfavorables simultáneamente. Nos
preguntamos si tendremos la fuerza, la resistencia suficiente para sobrellevarlas,
e incluso muy probablemente resolverlas escapa a nuestro control.
El Salmo 34:19 no niega esa realidad: “Muchas
son las aflicciones del justo.” Es una afirmación honesta, casi incómoda. Pero
no termina ahí. Añade algo crucial: “pero de todas ellas le librará el Señor.”
No de algunas, no de la mayoría—de todas. Eso no significa que la salida será
inmediata o como la imaginamos, pero sí que ninguna dificultad tiene la última
palabra.
Hoy puedes cambiar tu perspectiva: no estás
atrapado en un ciclo sin fin, estás atravesando un proceso bajo el cuidado de
Dios. Cada problema es una oportunidad para experimentar su intervención. En
lugar de preguntarte “¿por qué otra vez?”, intenta decir: “Señor, muéstrame
cómo me sostienes en esto.” La repetición de problemas no significa abandono,
sino una invitación constante a confiar.
Los problemas
nunca se acaban, las soluciones tampoco, cuando estamos conscientes de la
perspectiva de eternidad, pues “ las aflicciones del tiempo presente no son
comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Romanos
8.18). Si sufrimos, también reinaremos
con Él. (2 Timoteo 2.12)

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Sus comentarios son bienvenidos!