jueves, 7 de mayo de 2026

CUANDO LOS PROBLEMAS NO SE DETIENEN

 

Hay temporadas en la vida donde parece que una dificultad apenas termina y otra comienza, y a veces manejamos varias situaciones desfavorables simultáneamente. Nos preguntamos si tendremos la fuerza, la resistencia suficiente para sobrellevarlas, e incluso muy probablemente resolverlas escapa a nuestro control.

 El Salmo 34:19 no niega esa realidad: “Muchas son las aflicciones del justo.” Es una afirmación honesta, casi incómoda. Pero no termina ahí. Añade algo crucial: “pero de todas ellas le librará el Señor.” No de algunas, no de la mayoría—de todas. Eso no significa que la salida será inmediata o como la imaginamos, pero sí que ninguna dificultad tiene la última palabra.

 Hoy puedes cambiar tu perspectiva: no estás atrapado en un ciclo sin fin, estás atravesando un proceso bajo el cuidado de Dios. Cada problema es una oportunidad para experimentar su intervención. En lugar de preguntarte “¿por qué otra vez?”, intenta decir: “Señor, muéstrame cómo me sostienes en esto.” La repetición de problemas no significa abandono, sino una invitación constante a confiar.

Los problemas nunca se acaban, las soluciones tampoco, cuando estamos conscientes de la perspectiva de eternidad, pues “ las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Romanos 8.18).  Si sufrimos, también reinaremos con Él. (2 Timoteo 2.12)


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