Acompañar a otros es valioso… pero no siempre es
fácil.
Hay momentos en que
alguien necesita hablar, y estar presente es un acto de amor. Pero ¿qué ocurre
cuando esa necesidad se vuelve constante, intensa, incluso abrumadora?
Es ahí donde muchos se
sienten atrapados: entre el deseo de ayudar y el cansancio de no poder sostener
más.
La Biblia nos da una
perspectiva clara: somos llamados a llevar las cargas unos de otros, pero
también a reconocer que cada persona tiene su propia responsabilidad delante de
Dios. (Gálatas 6:2 y 6:5)
Amar no significa estar
disponible todo el tiempo. Escuchar no significa cargar con todo.
Jesucristo mismo mostró algo importante: amaba profundamente a las personas, pero
también se apartaba, descansaba y no respondía a todas las demandas. Él sabía
cuándo acercarse… y cuándo retirarse.
Poner límites también
es amor.
Decir “ahora no puedo,
pero me importas” no es rechazo, es honestidad. Es reconocer que solo Dios
puede sostener completamente a una persona.
Nosotros acompañamos…
pero no reemplazamos a Dios.
Porque el amor verdadero no solo se entrega… también se sostiene con
sabiduría y equilibrio.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Sus comentarios son bienvenidos!