Hay dolores que no se pueden explicar fácilmente. Pérdidas, despedidas inesperadas o momentos que dejan una marca profunda en el corazón. Cada persona atraviesa el dolor de manera distinta, y eso es completamente humano.En el espacio de exactamente un mes, dos amigos muy entrañables de mi esposo fallecieron.
Mientras escribo estas líneas, aún estoy procesando en mi mente y en mi corazón
lo vivido apenas horas antes, durante el funeral de uno de ellos. A lo largo
del día, entre el servicio en el templo, la despedida en el cementerio y el
tiempo compartido después con familiares y amigos, observé algo profundamente
humano y conmovedor: el esfuerzo de quienes lo amaban por recordar los momentos
que definieron su amistad con él. Hubo tristeza, por supuesto. La ausencia era
real y dolorosa. Pero también hubo sonrisas, anécdotas y un deseo sincero de
honrar su memoria de una manera que reflejara su carácter, su buen humor y la
forma en que vivió.
Este día me
recordó que el dolor no siempre se expresa solo con lágrimas. A veces se
manifiesta en el silencio, en la nostalgia, en la necesidad de compartir
recuerdos, o incluso en la risa que nace en medio del duelo. No todos
procesamos la pérdida de la misma manera, y eso es entendible.
En medio de
esa realidad, el Salmo 34 ofrece una verdad profundamente consoladora: “Cercano
está Jehová a los quebrantados de corazón.” Dios no observa nuestro dolor
desde la distancia. No permanece indiferente ante nuestras pérdidas. Él se
acerca.
Eso significa
que tu dolor no aleja a Dios; por el contrario, lo atrae hacia tu necesidad. No
tienes que recomponerte antes de acercarte a Él. Puedes venir tal como estás,
incluso si lo único que puedes ofrecer es silencio, lágrimas o preguntas sin
respuesta. Dios comprende ese lenguaje.
Su cercanía no
elimina automáticamente el dolor, pero sí transforma la manera en que lo
atravesamos. Él sostiene, acompaña y comienza una obra de sanidad que muchas
veces es lenta, pero segura.
🌱 Preguntas para reflexionar
- ¿Hay alguna pérdida o herida que aún estás
procesando en silencio?
- ¿Cómo has estado expresando tu dolor?
- ¿Te has permitido llevar honestamente tu
quebranto delante de Dios?

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