Habrá notado
que el Salmo 34 ha sido mi fuente de estudio y reflexión durante un mes. Al leerlo
encontramos palabras llenas de consuelo, esperanza y confianza en Dios. David
habla de un Señor que escucha el clamor del afligido, que se acerca al
quebrantado de corazón, que libra del temor y que se convierte en refugio
seguro para quienes confían en Él. Pero cuando leemos este salmo a la luz del
Nuevo Testamento, descubrimos algo aún más profundo: muchas de esas verdades
encuentran su expresión más completa en Jesucristo.
Jesús no vino
solamente a hablar acerca del amor de Dios; vino a mostrárnoslo de manera
visible y cercana. Cuando el Salmo dice que Dios está cerca de los quebrantados
de corazón, pensamos en Jesús acercándose al enfermo, tocando al rechazado,
escuchando al que lloraba y dando descanso a quienes estaban cansados y
cargados. Él nunca trató el dolor humano con indiferencia. Entró en él.
También vemos
en Jesús al justo que sufrió profundamente. El Salmo 34 reconoce que “muchas
son las aflicciones del justo”, y nadie vivió eso más plenamente que Cristo.
Fue rechazado, traicionado, humillado y llevado a la cruz, aun siendo inocente.
Sin embargo, el sufrimiento no tuvo la última palabra. Dios lo levantó y lo
glorificó. Allí encontramos esperanza para nuestras propias aflicciones: el
dolor puede ser real, pero no es definitivo.
Hay un detalle
particularmente conmovedor en este salmo. David escribe: “Él guarda todos sus
huesos; ni uno de ellos será quebrantado.” Siglos después, durante la
crucifixión, cuando los soldados fueron a quebrar las piernas de los
crucificados, encontraron que Jesús ya había muerto y no quebraron sus huesos.
El evangelio de Juan señala ese momento como cumplimiento de esta Escritura. Lo
que parecía solo una expresión poética terminó señalando proféticamente a
Cristo.
El Salmo
también nos invita: “Gustad y ved que es bueno Jehová.” Y eso es precisamente
lo que Jesús continúa haciendo hoy. Él no desea ser solamente una idea
religiosa o un conocimiento intelectual. Nos invita a experimentarlo
personalmente: conocer su paz, su perdón, su gracia y su presencia en medio de
la vida cotidiana.
Muchas
personas conocen historias acerca de Jesús, pero otra cosa muy distinta es
descubrir personalmente quién es Él. El Salmo 34 nos recuerda que Dios no es
distante. Y en Jesús, esa cercanía se volvió visible. Él es el refugio para el
cansado, esperanza para el que sufre y salvación para quien necesita gracia.
Por eso, leer
el Salmo 34 es también contemplar el corazón de Cristo. En cada promesa de
cuidado, en cada llamado a confiar y en cada palabra de esperanza, encontramos
destellos de Aquel que vino para acercarnos definitivamente a Dios.
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