"Si no quieres perderte en el olvido tan pronto como estés muerto y enterrado,escribe cosas dignas de leerse, o mejor aún, haz cosas dignas de escribirse... - Benjamin Franklin


martes, 12 de julio de 2011

RUT: REFLEXIONES ANTE UNA CRISIS HUMANITARIA

El asilo humanitario es la práctica de ciertas naciones de aceptar en su suelo a inmigrantes que se han visto obligados a abandonar su país de origen debido al peligro que corrían por causas raciales, religiosas, guerras civiles, catástrofes naturales, etc. Muchos de ellos son viudas y huérfanos.  Los refugiados se ven forzados a huir porque no disponen de la suficiente protección por parte del gobierno de su propio país.  Si te detienes a ver las noticias del mundo en el diario o en la televisión, hallarás más de un caso vigente en la actualidad.  Pero este fenómeno no es nuevo. De la historia de Rut en la Biblia podemos aprender mucho tanto para la vida práctica como para la vida espiritual. En cierto modo, los cristianos somos refugiados, que vamos en un hacia nuestro verdadero hogar.
En el año 2004, el número de personas que el Alto Comisionado de las Naciones Unidad para los  Refugiados, ACNUR,  tenía bajo su protección sobrepasó los 17 millones de personas en todo el planeta, Contrariamente a lo que se acostumbra a creer, no son los países industrializados los que acogen al volumen más importante de refugiados, sino los que están en vías de desarrollo, especialmente los más pobres de Asia y África. Según ACNUR en el 2004 los cinco países principales de acogida de refugiados son Pakistán (1,1 millones), Irán (985.000), Alemania (960.000), Tanzania (650.000) y Estados Unidos (452.500)
Pero bueno, no quiero abrumarte con cifras y estadísticas. Solo quiero que tengamos el cuadro completo de una realidad abrumadora en el mundo, de la que formamos parte de una forma u otra.  La situación de los refugiados es una poderosa metáfora de la situación que nos sentimos muchos de nosotros en el mundo de hoy. Algunos se sienten lejos de su hogar, otros sufren el duelo de una muerte, de un divorcio o de un abandono.  Los que sufren necesitan una respuesta y debe haberla en alguna parte…
Penetrando entonces a lo que es una reflexión bíblica para sacar lecciones de esta realidad, vayamos al libro de Rut.
 El libro de Ruth es calificado por los comentaristas bíblicos como “una hermosa historia de una también hermosa mujer, que sigue como la calma después de la tempestad a las escenas turbulentas del libro de los Jueces”. Es un relato maravilloso de la vida doméstica en tiempos de anarquía y disturbios en el Israel de finales del siglo X antes de Cristo.
Es una historia corta. Dos de los personajes principales son mujeres. Noemí era una mujer mayor, procedente de Belén, pero vivió mucho tiempo en Moab. Belén significa “casa del pan” en Hebreo, sufre una hambruna causada por la falta de lluvia. Por lo tanto no hay pan en la “casa del pan”. Esta hambruna requiere desplazarse a Moab, hacia donde Elimelec y su familia viajan buscando comida. El Segundo personaje es ,  Rut La moabita, con quien se casó Mahlón hijo mayor de Noemì. Kelión, el cuñado de Rut, se casó con Orfa, otra moabita. En un momento dado hallamos una familia multicultural, unida por los movimientos migratorios de aquellos días. Aquellos parecían tiempos felices en Moab, Noemí tenía a su esposo, sus dos hijos y sus dos nueras.
De repente, la muerte llegó a su casa, perdió a su esposo y luego a sus hijos, de un momento a otro, se vio sola y desolada. Imaginen el sufrimiento de esta esposa y madre, lo único que le quedaba eran sus nueras.
Tres viudas en la miseria es un drama más difícil de lo  que uno pueda uno describir. Pero llegan noticias esperanzadoras:  Al enterarse de que Jehová había vuelto a manifestar su favor a Israel, Noemí emprendió viaje de regreso a Judá acompañada por sus dos nueras.
En el camino Noemí reflexiona junto a sus nueras sobre la conveniencia de que las jóvenes se quedaran en su tierra. Solo Orfa opta por quedarse. El amor de Rut por su suegra pudo más que la lógica de que tendría mejor futuro quedándose.  Pero asumimos por sus palabras que no solo amaba a Noemí, sino que tal amor la condujo a amar a Dios. “No me ruegues que te deje, y que me aparte de ti, porque  a dondequiera que vayas iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios.
Wao! Rut estaba dejando su propio pueblo para ser parte del pueblo de Dios.  El Dios de Noemí, se convirtió en el Dios de Rut. La fe de Rut es simple y transparente. Un servicio humilde y tranquilo, sin mancha de orgullo o altivez espiritual. Rut no dice: «Alguien tiene que cuidar a esta anciana, y soy yo quien debe hacerlo.» Respetó la posición de Noemí como madre y decidió ser su hija.
¿Qué habrá visto Rut en Noemí que estaba dispuesta a dejar a su familia y su ciudad para seguirla? Estoy segura que esto tiene una explicación. Noemí debe haber modelado la fe para Rut, al grado de inspirarla a convertirse al Dios de Israel.  Me duele mucho pensar que a veces como cristianos no seamos un buen ejemplo, cuando en realidad deberíamos ser motivo de inspiración para que otros vengan a Dios.
Rut y Noemí llegan a Belén cuando está comenzando la cosecha de la cebada. Rut quiso ir a recoger espigas a los campos. Se trataba de una acción que implicaba esfuerzo y decisión. Rut estaba decidida a servir de manera que obtuviera el sustento de para su suegra y ella misma. Su esfuerzo se hizo notar.  Sin saberlo había ido a parar a la propiedad de un acaudalado hombre de la comunidad, que por cierto estaba emparentado con su suegra.  Booz al verla quizo enterarse de quien se trataba y preguntó a su capataz.  Booz entonces ordena a sus hombres que dejaran suficientes espigas en el campo de modo que ella las pudiera recoger y además ordenó que le dieran agua.
 La bendijo por servir así a Noemí. Y le dio alimento adicional el cual ella compartió con su suegra.
No es extraño que Noemí preguntara luego a Rut dónde había trabajado, porque su jornada había sido muy prosperada.  Cuando se enteró que había estado, al parecer por coincidencia en los sembradíos de Booz.
La gracia sustentadora de Dios. Es maravilloso. ¿Has identificado en tu vida ocasiones en las que Dios ha provisto para tus necesidades en forma especial?
Rut nos da un modelo a imitar. Su ejemplo nos muestra que debemos tomar la valiente decisión de dejar nuestra pasada manera de vivir para seguir a Dios. Aprendemos que debemos mostrar nuestro amor a Dios a través del servicio fiel, y muchas veces esto se refleja en el servicio a otras personas.  Rut nos muestra  que amar a Dios es obedecerle y que la obediencia resulta en bendición para nosotros mismos.

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