"Si no quieres perderte en el olvido tan pronto como estés muerto y enterrado,escribe cosas dignas de leerse, o mejor aún, haz cosas dignas de escribirse... - Benjamin Franklin


sábado, 25 de junio de 2016

MAESTRO DE MAESTROS Y SANADOR COMPASIVO

La mayoría de los adultos que hemos tenido el privilegio de estudiar, podemos mencionar personas que influyeron positivamente en nuestras vidas a la sombra de las aulas.  Podemos citar sus cualidades y las cosas que aprendimos de ellos y prodigarles agradecimiento. Algunos maestros son tan insignes, que es motivo de orgullo haber estudiado con ellos.

A algunos de ellos los recordamos con real admiración; esa precisamente es la reacción que causaba Jesús en los que prestaban atención a su sabiduría.  Se maravillaban y ocasionalmente cuestionaban cómo era posible, ya que Jesús se había criado en Nazaret, un lugar que, en contexto equivaldría a un barrio marginado y de bajo perfil en cualquiera de nuestras ciudades.

Jesús solía enseñar los  días de reposo en una sinagoga, (que era el lugar donde los judíos se reunían para rendir culto).  El evangelio resalta que Jesús enseñaba como quien tiene autoridad.  

La autoridad de Jesús deriva en credibilidad y poder; poder  aun para acallar al maligno; porque, cuando se está cumpliendo con el propósito de Dios, se presentará oposición, a veces clara, desafiante  y abierta. Para enfrentarla y descalificarla, el maestro ha de contar con  poder de influencia y calidad moral. Jesús, el maestro es un fenómeno de popularidad nunca antes visto.[i]

EL SANADOR COMPASIVO.

Jesús escucha, observa con compasión a quien le busca afectado de salud, toca y sana al enfermo. Nunca es indiferente. También de esto se corre la voz y la masa humana necesitada de sanidad abarrota los lugares de estancia del maestro.[ii]

Jesús era más que un hacedor de milagros. Las señales eran parte del mensaje, pero no eran su objetivo final.  Por eso, en salud y en enfermedad, nuestra esperanza debe trascender los límites de esta naturaleza limitada y  vulnerable, frecuentemente amenazada de dolencias, que caracteriza al ser humano. Jesús tiene la verdadera fórmula de la inmortalidad.




[i] Evangelio de Marcos 1.21-28
[ii] Evangelio de Marcos 1.29-34 

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