"Si no quieres perderte en el olvido tan pronto como estés muerto y enterrado,escribe cosas dignas de leerse, o mejor aún, haz cosas dignas de escribirse... - Benjamin Franklin


viernes, 12 de mayo de 2017

EL DOLOR AJENO

Circula en el internet una secuencia de fotos bromistas sobre medicamentos para males sociales, entre ellos Ubicatex, para los entremetidos y hasta un Jarabe para la envidia. Pero uno de los empaques, muy bien presentado, me dejó pensativa: Pastillas contra el dolor ajeno. Me pregunté a quién correspondería tomarlas. Y resulta que, en el interés de bromear, en ese álbum se infiltró la imagen de una campaña seria y solidaria que recauda fondos para enfermos olvidados. Se trata de caramelos en venta con un fin benéfico.
La defensa y socorro de los desfavorecidos son acciones que se esperan de todo ser humano, especialmente del que en alguna forma tiene los medios para lidiar con sus propias necesidades y desafíos. Siendo miembros de una comunidad con múltiples estratos socioeconómicos se nos presentan diariamente incontables causas que apelan a nuestra generosidad y buen corazón. Pero, además de las fundaciones y movimientos de apoyo para los que luchan con una enfermedad, para huérfanos, ancianos y otras tantas causas, usualmente tenemos al necesitado en nuestra puerta y no somos capaces de extender nuestra mano, ni compartir un pedazo de nuestro pan, y peor aún, creemos que basta voltear la cara para no estar conscientes de esa realidad.
La Biblia, el libro de Dios, es muy específico en exhortarnos a ser solidarios con el prójimo. En el Antiguo Testamento el Señor dictó leyes precisas para garantizar el bienestar de los excluidos, y las plantea como un llamado al corazón, que luego Jesús reitera y valida, para que nuestras buenas obras sean fruto de nuestro ser interior.
El dolor ajeno es nuestro dolor.

Lectura: Deuteronomio 15:7-11“Abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra.”  Reflexión publicada en Alimento para el alma, 12 de Mayo 2017. 

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