"Si no quieres perderte en el olvido tan pronto como estés muerto y enterrado,escribe cosas dignas de leerse, o mejor aún, haz cosas dignas de escribirse... - Benjamin Franklin


domingo, 8 de marzo de 2009

DE LA LUCIDEZ, EL DOLOR Y LA LOCURA

Mi padre es único. No hay dos como él. Esta mañana me despertó el sonido personalizado de mi móvil, era la voz de don Jorge Thompson, para felicitarme por el día internacional de la mujer. Le respondí como dirían los gringos: “You made my day!” Contenta con ese detalle, me levanté y empecé a prepararme para ir a la iglesia. Es día de la mujer, así, que, porqué no acentuar un poco el maquillaje, porque no usar un color de vestido inusual, porque no rociarme un poco más del Trèsor.
Cuando estuve lista, me quedaba aun media hora para salir y detenerme a recoger a la hermana Ana. Así que, de la pila de libros que me siempre me esperan opté, no se porqué, por alargar la mano hacia las Narraciones Extraordinarias de Edgar Allan Poe, Ah! Ya se!, es que en 15 o 20 minutos habría leído una narración completa. Berenice… patética historia, como la vida de su propio autor, quien murió a los 37 años, de delirium tremens. ¿Qué enfermedad hay comparable al alcohol?

En Berenice, habla de sí mismo un tal Egeo, personaje cuya obsesión es observar cosas irrelevantes para los demás; esta práctica lo hace confundirse entre las realidades del mundo y las visiones e ideas delirantes de sus sueños. Me hizo preguntarme si el perder la lucidez es algo de lo que podemos tener conciencia. Creo que no, creo que solo los demás pueden percatarse de ello. Entonces pensé: no debe preocuparme si llega a sucederme, si me vuelvo loca, ni me daré cuenta. (Ja!)

Salí a buscar a Ana, me estacioné en su calle frente a los condominios donde vive, y entonces observé aquella chocante estampa… Sentado sobre un muro de piedra, bajo el sol candente de esta mañana (aunque quizá un sol menos inclemente por la intensa brisa que estos días nos sacude), un hombre andrajoso, despeinado, negro como el carbón, quemado por sol y con toneladas de mugre, descalzo, y con ropa que debe tener trillones de años puestas encima. En sus manos, unos sacos en los que carga objetos, no se cuáles, tal vez sus más preciadas y únicas pertenencias, o tal vez solo chucherías recogidas del basurero. Y me miré a mi misma y respiré mi propio aroma, y odié compararme, verme peinada, planchada, impecable y perfumada, sentada en aire acondicionado. Sigo observándolo desde el vehículo mientras espero a Ana. El apenas se mueve, como si durmiera sentado, y como si disfrutara del baño de sol. Cuando Ana se acerca y entra al auto, le digo: ¿Qué contrastes hay en la vida hermana? Ella me cuenta que aquel personaje es familiar ya para los vecinos de la zona. Se dice que era estudiante de medicina y que perdió la razón. Perdió la lucidez, y con ella, ya sus pies no están sobre la tierra, tal vez están fuera de la vía Láctea. Me pregunté si algo le dolería, tal vez sí, y pensé en mis propios dolores. El cuento de Poe comienza con este párrafo: “El dolor es diverso, la desdicha es multiforme, extendiéndose como el arco iris, sus matices son tan variados como los matices de ese arco, y a la vez tan distintos, aunque tan íntimamente se confundan” .
Quizá el dolor sea otro contraste entre aquel enajenado y yo. No se cual es el suyo y cuanto durará. Y me pregunto: ¿Las manos de quién usaría Jesús para llegar a aquel ser humano, y que, de alguna forma, su historia cambie, y como el Gadareno, termine vestido y en su juicio cabal?

1 comentario:

  1. Hola, Georgina!

    Me ha gustado mucho tu reflexion sobre el hombre que viste ese domingo... oremos que encuentre quien de la mano le ayude a salir de su condicion...

    Un abrazo,

    Rosina

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