"Si no quieres perderte en el olvido tan pronto como estés muerto y enterrado,escribe cosas dignas de leerse, o mejor aún, haz cosas dignas de escribirse... - Benjamin Franklin


miércoles, 30 de marzo de 2011

NOSTALGIAS DE UNA LOCUTORA

En una de las cabinas de ERF (Evangeliums Rundfunk, Wetzlar, Alemania,  Octubre de 1994

La comunicación es un trabajo innovador, retador y exigente, cuando se asume con responsabilidad.
Recuerdo desde niña haber sentido una especial atracción por la radio. Yo encendía el aparato en mi casa y me fascinaba cambiar emisoras en el dial. Me quedaba absorta oyendo voces distintas y tenía la idea de que aquello era mágico, fabuloso.   En la TV veía a los  presentadores con un micrófono en la mano y una vez, en un periódico salió precisamente, la foto de un micrófono. La recorté y la pegué a un pedazo de cartón, y créame, eso se convirtió en mi juguete favorito.
Años más tarde, cuando terminaba el bachillerato, hice un curso de locución de 6 meses ( el primero y único que impartió un profesional de la radio en San Pedro de Macorís en ese tiempo).


Recuerdo cuando, en 1987, con un certificado de bachiller todavía caliente de lo reciente que era, y  con una vocecita apta como para doblar la voz de la ratoncita Mimi, me paré ante el jurado examinador para hacer mi prueba oral de locución.
 Qué felicidad cuando días después el cartero llegó a mi puerta  en San Pedro de Macorís, con un telegrama de la Comisión de Espectáculos Públicos  Y Radiofonía, avisándome que estaba aprobada para tomar el exámen escrito. Recuerdo haber viajado nuevamente a Santo Domingo para tal fin y en las instalaciones del otrora teatro Paco Escribano, bajo un intenso aguacero, pasé dos horas llenando aquella interminable planilla con preguntas de cultura general y aun me resuenan en los oídos las palabras del veterano locutor Teo Veras, que paseándose entre los que estábamos tomando el exámen dijo, “Dios sabe porque mandó toda esta lluvia, con la quemazón que se está dando aquí”.  Pero gracias a ese mismo Dios esa sentencia no cayó sobre mí y logré aprobar aquel examen tan temido.

Y el siguiente capítulo de esta historia fue ir a buscar el codiciado carné... Casi no lo podía creer cuando lo tuve en mis manos, era como un sueño. Llegué de regreso a mi pueblo exhibiendo el Carné.

Con el paso del tiempo entendí que ese carné era el permiso para ser parte del proceso de formación de mucha gente, eso y me dio  una cuota de exigencia y responsabilidad, que me ha hecho cuidar más mi trabajo y nunca tomarlo como un pasatiempo. 

Los comunicadores entramos a miles de hogares, donde la gente nos oye, nos ve o nos lee  y queramos o no contribuimos en un proceso de edificación y eso tiene que hacerse con responsabilidad. Los medios de comunicación son una forma y un espacio de integración social, y constituyen un manto del que nadie que viva en comunidad puede escaparse. --Continuará...

1 comentario:

JEAN SOLORZANO dijo...

Bonita nota, tambien es inspiradora tu experiencia, un comunicador es como un maestro para sus oyentes… Saludos desde Barcelona Venezuela siga adelante...