Lo he visto y lo he vivido: las relaciones con
familia, amigos, compañeros de trabajo o de iglesia pueden deteriorarse por
malos entendidos, ofensas o diferencias de criterio. Sin embargo, el mensaje de
Jesús en el Sermón del Monte (Mateo 5:33-48) nos muestra que las relaciones
pueden ser restauradas y fortalecidas cuando aplicamos los estándares del reino
de Dios en nuestra vida diaria.
Jesús nos llama a cuidar nuestras palabras. Prometer
con ligereza, exagerar o no cumplir lo que decimos genera desconfianza y
conflictos. Nuestras palabras deben reflejar integridad, pues de la abundancia
del corazón habla la boca. Hablar con verdad y actuar en coherencia con lo
que decimos es el primer paso para sanar relaciones.
Jesús también nos enseña a ir más allá de la
resistencia natural al perdón. La ley de Moisés se basaba en la justicia de
reciprocidad: "ojo por ojo, diente por diente". Pero Jesús nos
invita a responder al mal con bien. Es un llamado radical, pero
transformador. En lugar de devolver ofensa por ofensa, Jesús nos impulsa a ser
instrumentos de paz y gracia.
Finalmente, amar a nuestros enemigos puede parecer
imposible, pero Jesús nos mostró el ejemplo supremo en la cruz. Amar no
significa justificar acciones incorrectas, sino elegir responder con
compasión y orar por quienes nos han herido. Este amor refleja el corazón
de Dios.
Sanar relaciones no es fácil y no siempre está del
todo en nuestras manos, pero al vivir según los principios del reino de Dios,
encontramos esperanza y restauración. Jesús no solo nos llama a sanar como
hijos amados de Dios, también nos capacita para amar y perdonar.
Imagen de Pixabay de uso libre.