lunes, 29 de diciembre de 2025

LA OPCION DE LA QUIETUD

 


Pensamientos en el umbral de año nuevo

En la transición hacia un nuevo año vuelve a ocuparme un tema antiguo y persistente: el aburrimiento. Esa condición en la que muchos caen apenas se extingue la acción, la ocupación o el entretenimiento. Pareciera que hemos llegado a creer que nuestros sentidos no necesitan reposo y que deben permanecer siempre sometidos a una estimulación constante, cada vez más intensa.

En mi caso, pocas veces he llegado a ese estado. Hace tiempo me inscribí en la escuela de quienes buscan, aman y disfrutan la quietud, el silencio, la contemplación y la grata compañía de sí mismos.

Por eso me reconozco en las palabras de Pascal, cuando afirma que gran parte de la desdicha humana nace de no saber permanecer en silencio y a solas, y de preferir la prisa y la bulla antes que el ejercicio honesto de pensar.

También me cuento entre quienes, especialmente al final del año, se detienen en un proceso íntimo de autoevaluación. No se trata de torturarse, sino de escuchar con atención las preguntas que verdaderamente importan:

¿Quién soy y qué valoro?
¿Qué me apasiona hoy?
¿Qué dones me ha dado Dios y cómo los estoy ejerciendo?
¿Qué pasos necesito dar ahora para que mi futuro sea mejor que mi pasado?
¿Cómo quiero que me recuerden?

Aunque algunas respuestas tardan en llegar, este examen de conciencia culmina en un clamor al Altísimo, pidiéndole luz y dirección:

“Examíname, oh Dios, y sondea mi corazón;
ponme a prueba y sondea mis pensamientos.
Fíjate si voy por mal camino
y guíame por el camino eterno.”
Salmo 139:23–24

lunes, 22 de diciembre de 2025

LUCES DE SALVACIÓN Y ESPERANZA

Las emblemáticas antenas de Radio Trans Mundial en Bonaire, la isla holandesa en el Caribe, siguen cautivándome. En mi más reciente estadía de cinco semanas allí, tuve la oportunidad de disfrutarlas por dentro y por fuera. Por dentro, toneladas de cobre en sus bases se entrelazan en un diseño de ingeniería que transforma los programas en ondas sonoras. De día, recorres toda la isla sin perderlas de vista. Desde el mar, en un paseo nocturno en bote, sus luces son imperdibles. Me admiro del coraje de los jóvenes que escalan más de 750 pies de altura para darles mantenimiento.

Por sí solas, cuentan la historia gloriosa de muchas décadas de transmisión del evangelio con gran potencia, alcanzando una vasta región de las Américas y llevando la luz y la esperanza de salvación a personas en lugares de gran necesidad. Y pienso que estas antenas están contribuyendo al cumplimiento de la Escritura que dice: “Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar” (Habacuc 2:14).

Cada vez que una señal radial atraviesa fronteras, alcanza islas, selvas, ciudades y desiertos, se cumple un pedazo de esa visión profética. Las ondas invisibles llevan un mensaje eterno y, aunque no podamos verlas, su fruto es evidente: vidas restauradas, corazones consolados y fe naciendo en lugares impensados.

Quizás no todos podamos predicar desde un púlpito, pero cada palabra transmitida es una semilla sembrada. Y tú, al orar, apoyar o simplemente escuchar, también eres parte de esta misión.

Oración: Señor, permite que tu Palabra siga corriendo con poder, alcanzando corazones heridos, trayendo luz a la oscuridad y llenando la tierra de tu gloria, como las aguas cubren el mar. 

Publicado originalmente en el devocionario de RTM,  “Esperanza al Alcance”


lunes, 15 de diciembre de 2025

UN REGALO DE ESPERANZA

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.” Isaias 9:6

La Navidad nos invita a detenernos y contemplar un regalo que transforma la historia: Dios hecho niño. Isaías anuncia con siglos de anticipación que la esperanza no vendría con ejércitos ni poder humano, sino en la fragilidad de un recién nacido. En Jesús, Dios se acerca, se hace accesible, camina entre nosotros.

Cada nombre que Isaías menciona responde a una necesidad profunda del corazón humano. Cuando no sabemos qué decisión tomar, Él es Consejero. Cuando sentimos debilidad, Él es Dios Fuerte. En un mundo marcado por la ausencia y el temor, Él es Padre Eterno. Y en medio del ruido, el conflicto y la incertidumbre, Jesús se revela como el Príncipe de Paz.

La Navidad no es solo recordar un nacimiento, sino renovar nuestra confianza en que Dios sigue obrando hoy. Que al celebrar esta fecha, abramos nuestro corazón para recibir no solo al Niño en el pesebre, sino al Rey que gobierna con amor y trae paz verdadera a nuestra vida.


DIOS CON NOSOTROS


Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros… lleno de gracia y de verdad.” --Juan 1: 14-17

La Navidad nos recuerda un misterio profundo y cercano a la vez: Dios no se quedó distante, sino que se hizo carne y vino a habitar entre nosotros. El Verbo eterno se hizo visible, tocable, cercano. En Jesús, la gloria de Dios se manifestó no con poder imponente, sino con gracia, verdad y amor.

Juan nos muestra que, en Cristo, recibimos “gracia sobre gracia”. No es una gracia limitada o pasajera, sino abundante, renovada cada día. La ley reveló el camino, pero Jesús vino a mostrarnos el corazón del Padre. Él no solo enseña la verdad; Él es la verdad vivida entre nosotros.

En Navidad celebramos que Dios eligió entrar en nuestra historia, caminar nuestras calles y comprender nuestras luchas. Su luz sigue brillando en medio de la oscuridad, recordándonos que no estamos solos. Al contemplar al Niño que vino del cielo, somos invitados a recibir de su plenitud y a vivir transformados por su gracia y su verdad.


LA LUZ QUE VINO


 La Navidad proclama que Dios ha hablado de la manera más clara y definitiva: por medio de su Hijo. Ya no solo a través de profetas, señales o promesas futuras, sino en la persona de Jesús. Él es el resplandor de la gloria de Dios y la imagen misma de su sustancia, hecho visible para nosotros.

En el pesebre vemos humildad, pero en ese Niño habita toda la grandeza de Dios. Aquel que sostiene todas las cosas con la palabra de su poder eligió entrar en nuestra historia para ofrecernos salvación. Su nacimiento anuncia que el Dios eterno se acerca para redimir, purificar y restaurar.

Celebrar la Navidad es escuchar nuevamente la voz de Dios en Jesús, reconocer su autoridad y confiar en su obra completa. Al mirar al Niño nacido en Belén, recordamos que el Rey que vino a salvarnos sigue reinando con poder y gracia hoy. 

miércoles, 5 de noviembre de 2025

CUANDO LA HUMILLACIÓN TOCA EL ALMA

 


La humillación es una de las experiencias más difíciles de soportar. Nos expone, hiere nuestro orgullo y despierta sentimientos de  enojo o impotencia. Sin embargo, estos momentos también pueden convertirse en oportunidades profundas para crecer en fortaleza interior.

El primer paso es reconocer lo que sentimos. No negarlo ni disfrazarlo. Decirnos con honestidad: “Me dolió lo que pasó”, nos permite procesar el malestar sin quedar atrapados en él. La tolerancia a la frustración no consiste en endurecer el corazón, sino en aprender a respirar dentro del dolor sin dejar que nos gobierne.

Luego, viene la aceptación. No significa justificar lo ocurrido, sino aceptar que sucedió. Resistirnos a la realidad solo amplía la herida. Aceptar nos libera para mirar hacia adelante y decidir cómo responder con sabiduría.

Podemos entonces reformular lo sucedido: preguntarnos qué podemos aprender, qué valor propio se sintió amenazado o si acaso estamos tomando lo ocurrido de forma demasiado personal. Este cambio de mirada reduce el peso emocional y abre paso a la paz.

También es importante reforzar nuestra identidad. El valor personal no depende de la opinión ajena ni del trato recibido. Recordar quiénes somos ante Dios nos devuelve equilibrio: “Soy amado, aunque haya sido malentendido; tengo dignidad, aunque otros no la reconozcan.”

La tolerancia se fortalece con pequeñas prácticas diarias: esperar sin queja, aceptar errores, responder con calma ante una crítica. Así se entrena el alma.

Y finalmente, el perdón. Cristo fue humillado y no respondió con ira. Perdonar no borra el dolor, pero nos libra de quedarnos prisioneros en él. La verdadera fortaleza nace cuando respondemos al agravio con serenidad y dejamos que Dios sane lo que la humillación tocó.

 

sábado, 4 de octubre de 2025

LIBROS USADOS


No recuerdo haber sido tan egoísta con ninguna otra cosa como lo era con mis libros. Atesoraba el diccionario que me regaló mi padre hace 40 años,(claro, este tiene un valor emocional), acumulé Biblias de distintas versiones que compraba o me obsequiaban, y hasta compraba por impulso libros que luego quedaban meses esperando a ser leídos.

Temía prestarlos y que no me los devolvieran. Guardaba en mi mente con claridad a quién y cuándo le había prestado alguno… y casi no perdonaba si no lo recuperaba.

Pero todo cambió cuando tuve que mudarme a otro país. Mientras reducía mi equipaje a lo esencial, tuve que resignarme a donar aquel “tesoro” acumulado. Fue doloroso, pero también liberador.

En esta nueva etapa, cuando tengo la oportunidad de comprar libros usados a precios reducidos, aprendí a valorar la generosidad de quienes los donaron antes. Me digo: a menos que se trate de libros de consulta a los que uno necesita regresar, ¿por qué no pasarlos a otros, para que ellos también reciban el beneficio que yo ya recibí?

Aprendí que los libros, como muchas otras cosas, no están para ser guardados celosamente sin propósito. De hecho, las trazas ya habían afectado algunos de mis libros con el paso del tiempo. Comprendí que lo que Dios nos da —sea tiempo, recursos o conocimiento— no es para acumularlo, sino para compartirlo. Porque la verdadera riqueza no está en lo que guardamos para nosotros, sino en lo que entregamos a otros.

No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde ladrones entran y hurtan” Mateo 6:19 

jueves, 25 de septiembre de 2025

¿FALSO O VERDADERO?

Uno de los cargos que con mayor frecuencia debía reclutar durante mi carrera en Gestión Humana era el de Cajero. Al entrevistar candidatos con experiencia, solía preguntarles si habían tenido la ocasión de detectar billetes falsos. La mayoría respondía que sí, y que el uso de dispositivos para verificar la legitimidad de los billetes les facilitaba mucho el trabajo.

En una ocasión recuerdo haber profundizado con un candidato y le planteé:
—¿Qué harías si no tuvieras una máquina que te ayudara?

Él me respondió con seguridad:

—Si eres un cajero entrenado, no es difícil. El entrenamiento consiste en conocer bien todas las características del billete verdadero. Cuando lo conoces a fondo, cualquier falso, por idéntico que parezca, se puede identificar.

Esa respuesta se grabó en mí, porque entendí que el mismo principio aplica a la realidad de la cultura en que vivimos: una sociedad saturada de información falsa, manipulada y tergiversada, que hoy alcanza niveles desproporcionados con la comunicación viral. Vivimos en una era de maleantes informáticos que lanzan trampas para engañar y defraudar sin escrúpulos.

¿Cómo evitar caer y ser víctimas de la falsedad y  el engaño?

Técnicamente, existen instrucciones y advertencias para orientarnos cuando surgen dudas o confusión.

Pero espiritualmente, ¿qué hacer? Para reconocer lo falso, necesitamos estar impregnados de la Verdad. Jesús dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6). Y antes de ir a la cruz oró así por sus seguidores:

“Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad” (Jn 17:14-19).

Aferrarnos a las verdades eternas reveladas en la Biblia, la Palabra de Dios, nos da discernimiento y sabiduría para vivir a salvo del error y la falsedad. Y además, nos capacita para ayudar a otros a conocer también la Verdad en Jesucristo.

“Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna” (1 Jn 5:20). 

lunes, 22 de septiembre de 2025

ENFRENTANDO EL DOLOR DE LA TRAICION


"Cuando el hacha entró en el bosque, los árboles susurraron: ‘El mango es uno de los nuestros’."
Así ocurre con la traición: no viene de afuera, sino de alguien que forma parte de nuestra vida, alguien en quien confiamos. Esa herida es más profunda porque la produce una mano conocida.

En la Escritura encontramos este dolor reflejado en Judas, que no era un extraño ni un enemigo declarado, sino uno de los discípulos más cercanos al Señor. Caminó con Él, escuchó su voz, compartió la mesa y, aun así, lo entregó con un beso. Aquello que debía ser un gesto de afecto se convirtió en señal de traición. Jesús ya lo había anticipado al recordar las palabras del salmista: “El que come pan conmigo levantó contra mí su calcañar”.

Sin embargo, lo más sorprendente no es la traición en sí, sino la manera en que Jesús la enfrentó. No se dejó paralizar por la amargura, ni detuvo su misión por causa del dolor. Incluso en el momento decisivo, se dirigió a Judas llamándole “amigo”. Con ello nos muestra que el veneno de la traición no debe gobernar nuestro corazón.

Todos, en algún momento, podemos sentir el golpe del hacha cuyo mango es de nuestra propia madera. Pero la enseñanza de Cristo es que ese dolor no tiene la última palabra. La traición puede herirnos, pero no puede apartarnos del propósito de Dios si confiamos en Él. El camino no es guardar rencor, sino poner la herida en las manos del Señor, seguir adelante y permitir que Su gracia transforme aquello que parecía una pérdida en parte de Su plan redentor. 

miércoles, 10 de septiembre de 2025

CANTANDO EN TIERRA EXTRANJERA

El Salmo 137 nos recuerda la nostalgia de los israelitas en Babilonia, quienes, lejos de su hogar, preguntaban: “¿Cómo cantaremos cántico de Jehová en tierra de extraños?” (Salmo 137:4). Esta pregunta resuena en mi experiencia personal, pues de un tiempo a esta parte me ha tocado cantar, orar y estudiar la Biblia en otro idioma. 

Aunque no sea por exilio o por cautiverio, ser extranjero siempre tiene sus retos. Vivir en una cultura diferente implica adaptarse a mentalidades, feriados, usos y costumbres que no siempre se sienten propios. También hay momentos nostálgicos en los que el corazón busca reconectarse con aquello que considera parte de su esencia. En mi caso, evocando mis primeros días de fe, recordé los himnos que marcaban las reuniones en mi antigua congregación. Decidí buscar  y comprar en línea un ejemplar  del himnario de mi juventud.

Cuando finalmente llegó a mis manos, comencé a susurrar aquellos viejos himnos, transportándome a momentos muy gratos de alabanza y adoración en el idioma de mi corazón. Fue como si, a través de esas canciones, mi espíritu hallara un refugio en medio de lo desconocido, afirmando que Dios trasciende idiomas y fronteras.

Hoy sé que cantar en tierra extranjera es un acto de confianza y esperanza. Es declarar que, sin importar dónde estemos, seguimos siendo del Señor y Él sigue siendo fiel.

Cantar en tierra extranjera puede parecer difícil, pero es un acto de fe que nos conecta con el Señor y nos recuerda que somos peregrinos en esta tierra, pertenecientes a un hogar eterno que nada ni nadie puede quitarnos.


jueves, 21 de agosto de 2025

REACCIONAR O NO REACCIONAR, HE AHÍ EL DILEMA

Todos hemos vivido momentos en los que una palabra, un gesto o un contratiempo desatan en nosotros una tormenta emocional. Por ejemplo, imagina que recibes un mensaje crítico de un amigo o colega: tu corazón se acelera, la frustración te invade y tu mente comienza a tramar la respuesta perfecta, aunque algo áspera. Horas después, te das cuenta de que reaccionaste de manera exagerada y que quizá una pausa hubiera cambiado todo. Estos pequeños episodios muestran cómo, con frecuencia, permitimos que lo negativo controle nuestras emociones y decisiones.

En la vida cotidiana, es fácil dejarnos llevar por las emociones negativas: críticas, injusticias, contratiempos o rumores pueden generar en nosotros ansiedad, enojo o resentimiento. Sin embargo, la Biblia nos enseña que nuestra respuesta a estas situaciones determina nuestra paz interior y nuestro testimonio ante los demás. En Efesios 4:26-27 se nos aconseja: “Enójense, pero no pequen; no dejen que el sol se ponga estando todavía enojados, ni den lugar al diablo.” Este versículo nos recuerda que sentir molestia es humano, pero debemos controlar nuestra reacción y no permitir que el enojo gobierne nuestras acciones.

Dejar de reaccionar automáticamente a lo negativo implica desarrollar un corazón lleno de gracia y discernimiento. Proverbios 15:1 dice: “La respuesta amable calma el enojo, pero la palabra áspera aumenta la ira.” Antes de responder, podemos detenernos, orar y pedir sabiduría al Espíritu Santo para actuar con calma y justicia. Aprender a reflexionar, a no absorber la negatividad de otros y a confiar en la justicia de Dios nos libera del peso emocional de la reacción impulsiva.

Al enfocarnos en lo positivo, en lo que edifica y en el amor de Cristo, nuestra vida se transforma. Así, en lugar de ser arrastrados por cada provocación, respondemos con paz, paciencia y sabiduría, dejando que la luz de Dios guíe nuestras palabras y acciones.

Imagen de uso libre: Pixabay

viernes, 8 de agosto de 2025

¡DEFIÉNDEME, SEÑOR!

 


Cómo Enfrentar La Difamación A La Manera De David

La difamación tiene muchas caras: mentiras, chismes, manipulaciones y comentarios malintencionados que se esparcen sin medir consecuencias, sin pensar en el daño que provocan. Se hace mucho daño, a veces humanamente irreparable. Hoy, las redes sociales y los medios de comunicación le han dado un alcance exponencial, pero en realidad solo reflejan prácticas muy arraigadas en la conducta humana. Prácticas que, a lo largo de la historia, han dejado a muchos como víctimas… y a otros, como victimarios.

En el Salmo 7, David clama a Dios pidiendo justicia frente a acusaciones falsas. Él no busca venganza humana, sino refugio en el Señor, quien conoce la verdad. Enfrentar la difamación es una prueba dura para el corazón, pero la Escritura nos enseña cómo actuar.

Si estás en una situación como la de David, lo primero es correr hacia Dios para pedir protección. Recuerda: Su opinión es la única que importa (Romanos 8:33). A veces, responder puede ser necesario. Proverbios 26:4-5 nos da sabiduría: No respondas al necio de acuerdo con su necedad… respóndele como merece su necedad. Jesús mismo, al enfrentar difamación, algunas veces la contradijo (Juan 5:19-46), otras veces se burló de la acusación absurda (Lucas 7:28-34), en ocasiones hizo preguntas  o contó para exponer los motivos de sus acusadores (Lucas 14:1-6) y muchas veces simplemente la ignoró (Marcos 11:33).

Cuando el ataque viene directamente contra ti, y de parte de alguien en la familia de la fe, es aún más doloroso, pero aun para este caso Jesús da una pauta. Sigue el consejo de Mateo 18:15-17: habla primero en privado con tu hermano; si no escucha, lleva testigos; si persiste, infórmalo a la iglesia; y si aun así no escucha, trátalo como gentil y publicano.

Si escuchas a alguien difamar a otro, especialmente a un hermano en la fe, ora y, si la situación lo permite, corrige al que está pecando. Martín Lutero dijo que la difamación debe detenerse igual que un asesinato, pues destruye vidas. Nuestra preocupación debe estar con la víctima, no con la incomodidad del difamador.

Y si has sido tú quien ha difamado, confiesa tu pecado a Dios: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar…” (1 Juan 1:9). Si el daño fue público, el arrepentimiento verdadero te llevará a repararlo públicamente. No basta decirle a Dios “lo siento” y seguir adelante. Juan el Bautista exhortó: “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento” (Lucas 3:8, 10-14). Dios perdona, pero el perdón genuino nos impulsa a cambiar y a restaurar lo que hemos dañado.

En todo, recuerda que el Señor es tu defensa, tu juez justo y tu refugio seguro. Como David en el Salmo 7, deposita tu causa en Sus manos y responde con integridad, confiando en que Dios vindicará la verdad.

(Imagen: Pixabay de uso libre)

 

martes, 29 de julio de 2025

LAS 9 “P” DE LA PROTECCIÓN Y LA PROMESA DIVINA

El Salmo 16 es una joya de confianza y esperanza. En sus once versículos, identificamos al menos 9 conceptos que definiremos con la letra “P” y que resumen la experiencia espiritual de David: Petición, Proclamación,  Presencia, Personas, Provisión, Percepción, Paz, Promesa y Profecía. Cada una de estas áreas revela cómo Dios se manifiesta como nuestro refugio y guía en todas las etapas de la vida.

David comienza con una petición y una proclamación  sincera: “Guárdame, oh Dios (petición), porque en ti he confiado (proclamación)” (v.1). Su vida estaba en peligro o bajo presión, no especifica qué le sucedía en este caso, pero su primer instinto es correr a Dios. Él sabe que solo el Señor puede protegerle de verdad.

 Luego afirma con claridad la importancia de la Presencia de Dios: “No hay para mí bien fuera de ti” (v.2). Nada en el mundo puede compararse con estar cerca de Dios. Esa cercanía es su mayor bien y su verdadero refugio.

 En el siguiente versículo, David da gracias por las personas que lo rodean: “Los santos… son toda mi complacencia” (v.3). Dios nos coloca junto a otros creyentes para animarnos, fortalecernos y ayudarnos mutuamente a perseverar. Es bueno tener un inventario de la gente que Dios usa para bendecir nuestras vidas.

 Con gratitud, reconoce la generosa Provisión divina: “La heredad que me ha tocado es hermosa” (v.6). Hay satisfacción, estabilidad y seguridad en lo que Dios da, incluso si no siempre es lo que esperábamos. Veamos esta provisión más allá del aquí y ahora, es trascendente.

 En el versículo 7, David celebra la Percepción espiritual que Dios le da: “Me aconseja… aun en las noches”. Su corazón es instruido por el Señor incluso en el silencio. Esa guía constante nos prepara para tomar decisiones sabias. En nuestros desvelos es bueno aprovechar para convertir cada pensamiento en una petición de sabiduría y consejo de parte del Señor.


viernes, 18 de julio de 2025

DEL LAMENTO A LA ESPERANZA

 


En medio del dolor, la pérdida o la confusión, el lamento puede parecer una señal de debilidad o falta de fe. Sin embargo, los Salmos 42 y 43 nos muestran que el lamento es profundamente bíblico y necesario. Es un camino honesto hacia Dios, una oración que nace del sufrimiento pero no se queda allí: se transforma en confianza.

Jesús mismo lamentó. En Getsemaní, su alma estaba "muy triste, hasta la muerte", y no ocultó su angustia. En la cruz, citando el Salmo 22, clamó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”. Estas expresiones no fueron falta de fe, sino un acto de confianza profunda en medio del dolor. El autor de Hebreos lo afirma: Jesús oró con clamor y lágrimas, y fue escuchado.

Todos enfrentamos momentos en que la vida nos sobrepasa: enfermedades, pérdidas, conflictos o luchas internas. El lamento nos permite llevar estas cargas ante Dios, sin pretensiones ni máscaras. Nos invita a acercarnos con humildad y sinceridad, a presentar nuestras preguntas, y a recordar quién es Él: nuestro refugio y salvación.

Lamentar no es rendirse, sino un paso valiente hacia la esperanza. En medio del quebranto, elegimos volver a Dios, expresar nuestras quejas con reverencia, presentar nuestras súplicas y renovar nuestra confianza. Porque aún en la oscuridad, podemos decir como el salmista: “Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío” (Salmo 42:5).


lunes, 14 de julio de 2025

SUPERANDO LOS TEMORES

 ¿Alguna vez has sentido miedo de compartir tu fe o de enfrentar el rechazo por seguir a Cristo? En Mateo 10:26–33, Jesús nos muestra cómo vencer nuestros cuatro temores más grandes.

Jesús tiene la verdad
Él nos recuerda que la Palabra de Dios no puede ser escondida ni silenciada. Aunque el mundo quiera cancelar u ocultar la verdad, nuestra misión es proclamarla con valentía. Lo que Jesús te enseña en la intimidad, compártelo. No te avergüences del evangelio; más bien, sé parte de una iglesia que proclama con firmeza la verdad de Dios.

Jesús tiene el future en sus manos
Hay algo más importante que el cuerpo: el alma. Jesús dice que no debemos temer a quienes pueden dañar nuestro cuerpo, sino al único que tiene autoridad sobre el alma. Temer a Dios no significa huir de Él, sino vivir con respeto y reverencia. Como alguien dijo: “Tu miedo puede ser más peligroso para ti que aquello que temes”.

Jesús cuida de ti

Dios está atento a cada detalle de tu vida. Él es soberano y está profundamente involucrado en Su creación. Tanto así, que cuenta cada cabello de tu cabeza. No estás solo. Él está presente, cercano y cuida de ti con amor personal. Si atiende a las avecillas, cuánto más a nosotros.


Jesús tiene el veredicto final

Confesar a Cristo requiere valentía. No temas al juicio de los demás, porque solo Dios es el Juez. Lo más importante es Su aprobación. Al reconocerlo públicamente, demuestras que tu fe está puesta en Él, y Él te reconocerá ante el Padre.

Señor, gracias por recordarme que no tengo que vivir con miedo. Ayúdame a proclamar tu verdad con valentía, a temerte a Ti por encima de todo, a confiar en tu cuidado y a vivir buscando tu aprobación. Amén