"Si no quieres perderte en el olvido tan pronto como estés muerto y enterrado,escribe cosas dignas de leerse, o mejor aún, haz cosas dignas de escribirse... - Benjamin Franklin


viernes, 16 de marzo de 2018

CRISTIANOS



Cuando se trata de ubicar históricamente el inicio de la iglesia, hay que tomar como punto de partida la resurrección y ascensión de Cristo al cielo y el descenso del Espíritu Santo. El Dr. Lucas, médico y discípulo de Cristo,  escritor del evangelio que lleva su nombre, es también quien se ocupó de narrar el origen y propagación del evangelio en el conocido libro de  los “Hechos De los Apóstoles.” 

Simón Pedro  predicó el primer sermón en el día de Pentecostés, cuando miles de personas de distintas nacionalidades y que hablaban diferentes idiomas se encontraban en Jerusalén;  y con el favor del Espíritu Santo, muchos fueron capaces de oír el evangelio en su propia lengua,  y  muchos fueron alcanzados con el mensaje de fe. Los que creían tenían todas las cosas en común y gozaban de unidad, armonía y solidaridad. 

La iglesia apenas comenzaba a tomar forma cuando se desató una persecución contra los discípulos de Jesús, que los hizo dispersarse y  emigrar a otras regiones y ciudades del extenso imperio romano. Hasta ese momento a los creyentes se les conocía como “Los del camino”.

La ciudad de Antioquía en esa época se constituía en una de las principales metrópolis del imperio. Los creyentes que se asentaron allí empezaron a predicar y a ganar a muchas personas y la iglesia estaba cobrando una relevancia muy significativa, al grado que llegó a oído de la iglesia en Jerusalén que en Antioquia crecía constantemente la familia de la fe.

 Por esto deciden enviar a un líder, Bernabé (hijo de consolación) para que pastoreara esta iglesia. Bernabé pensó que no podría solo con tan gran compromiso y salió a Tarso, en busca de Saulo, que a partir de entonces sería llamado Pablo, (el mismo que antes persiguió a la iglesia y luego tuvo un encuentro especial con Jesús y se convirtió al cristianismo).

 Pablo se  une a Bernabé  y trabajan juntos por un año como pastores - maestros de la iglesia en Antioquía. Luego,  reciben una llamado del Espíritu Santo, enviándoles para una obra misionera. Pero es justo ahí, en Antioquía, en medio de una dinámica congregación generosa, llena de dones espirituales y con mentalidad de ministerio, que a los creyentes se les llamó “Cristianos”[1] por primera vez.  

Ser llamado cristiano en ese entonces era signo de un compromiso y una convicción de fe que diferenciaba al creyente del no creyente. Hoy sin embargo, es tema de reflexión para todo el que profesa la fe, si portamos este adjetivo de seguidores cristo con la dignidad que implica. Extender mis comentarios al respecto podría dar curso a un complejo escenario de cuestionamientos sobre la relevancia de autodenominarse o ser llamado cristiano en el siglo XXI.


[1] Hechos 11.26

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