miércoles, 15 de octubre de 2014

¿DE QUE ESPIRITU SOY?

En la vía de acceso a una plaza de la ciudad, un conductor mantenía su vehículo detenido, como esperando por alguien impidiendo la circulación.  Yo caí justo detrás de él  y mi primera acción fue esperar a que aquel chofer notara por si mismo que obstruía el tránsito y se moviera. No lo hizo. Entonces le toqué bocina, pero no hizo caso. En eso, siento un fuerte impacto a mi auto  y es que, otro conductor justo detrás de mí, en un destartalado vehículo de transporte público,  decidió mostrar su impaciencia embistiéndome. Lo vi reírse de su acción por el retrovisor. Me bajo de mi auto, y me aproximo a preguntar por qué me hizo eso, si es que no ve que el  carro de adelante no quiere o no puede  moverse. Me dijo que chocara yo al otro a ver si se movía.

Mi hermano, que me acompañaba en ese momento, también bajó del auto y se fue a reclamar al de delante que se moviera, apenas vi que el chofer de delante se bajó del auto con actitud agresiva, tuve que insistirle a voces a mi hermano que regresara al auto, para evitar que aquello se convirtiera en una riña, que podría terminar muy, muy mal. No apareció seguridad de la plaza en ningún momento.

Logré que mi hermano regresara al auto, y le rogué que se calmara, que aquellos señores podrían estar ebrios, drogados y/o armados.  Allí, en medio de dos bestias al volante, saboreamos el trago amargo de la indignación y el agravio sufrido, hasta que el chofer delante, que llevaba una mujer y unos niños consigo, finalmente circuló.

Me considero un alma de Dios que llega hasta el colmo de la decencia, pero en  mi  humano corazón agraviado, por horas estuve pensando hasta en pronunciar maldición sobre esos señores. Pero la Palabra de Dios, viva y eficaz me recordó la escena en que los discípulos solicitaron permiso a Jesús para pedir que descendiera fuego del cielo y consumiera a una ciudad hostil al evangelio. Jesús les responde diciéndoles “Ustedes saben de qué espíritu son”.  Y me dije: Georgina, ¿De qué espíritu eres? (El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, bondad, benignidad, fe, mansedumbre y templanza). Lloré pidiendo al Señor nunca olvidar de qué espíritu soy y nunca olvidar que estoy aquí para opacar las tinieblas con su luz. Prediqué hace poco sobre la mujer radiante que resplandece en medio de una generación torcida y perversa y entendí que en circunstancias como esta es que nuestras enseñanzas deben ser aplicadas.

Pero… aun así, necesitamos hacer algo con el tema del tránsito…

GENERACION PERDIDA

Un oyente llamó a un programa de radio en el que se hablaba de cómo enfrentar el complicado problema del tránsito en República Dominicana. En su opinión expresó tener muy poca esperanza de que haya una solución a corto plazo y que apenas se podría empezar a trabajar con la próxima generación porque la nuestra está “PERDIDA”.

El calificativo de “generación perdida” me sonó pesimista, pero también realista, y pensé que el tránsito es solo un síntoma de muchos otros males en los que parece que hemos perdido la batalla.  ¿Será cierto que no somos capaces, una vez adultos y mal habituados a actuar de forma impropia, de reeducarnos para mejorar nuestra calidad de vida, ser mejores ciudadanos, mejores cónyuges y padres, mejores empleados, en resumidas cuentas, mejores personas?

Entiendo el sentir de quienes consideran que todo está perdido, pero me resisto a aceptarlo. Aunque a veces la frustración me invada, prefiero insistir en que intentemos ganar terreno en pos de crear conciencia  por todos los medios posibles, en las distintas causas que hace falta defender, proclamar, enseñar y preservar.

martes, 14 de octubre de 2014

CONTRASENTIDO ENTRE IDENTIDAD Y PERTENENCIA


Por Telésforo Isaac

La identidad de todos los seres humanos, es primordialmente con Dios el Creador; pues,  todos somos parte integral en este mundo,  y habitamos de esta frágil tierra, nuestro hogar insular, y      pertenecemos a este planeta.

No debemos permitir que la soberbia, la iniquidad y la intolerancia, sean motivos de contradicciones  entre la identidad y la pertenencia del hombre y la mujer, sin importar su origen, etnia o trasfondo social; “Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, macho y hembra lo creó”. Génesis 1:27. (Biblia de Jerusalén, Latinoamericana). 

Reiteradamente la gente del pueblo tiene discrepancias o contrariedades en la percepción y consideración entre lo que es y debe ser entendido como identidad y pertenencia de una persona o grupo en el mundo. Una y otra vez encontramos aspectos de contrasentidos entre la identidad del ser humano y su pertenencia a la sociedad. Esto sucede casi siempre con los migrantes de distintas nacionalidades de individuos o grupos que tienen rasgos característicos determinados por el origen étnico, cultural, religioso, o nivel socio-económico.

La diferencia entre identidad y permanencia es debido a consideraciones arriba señaladas, y pueden ser motivo de desprecio, prejuicio, marginación, inequidad, enojo e intolerancia. Cuando el individuo o grupo percibe que hay rechazo simulado o real, tiende a sentir inseguridad. Muchas veces,  esto conlleva aislamiento o segregación voluntaria o involuntaria, inadecuada aceptación, resentimiento, odio, inestabilidad emocional, complejo de inferioridad, discriminación, y agresión solapada o de manera real. Se conculcan los derechos humanos, no se deja vivir en pie de igualdad; más bien, habrá una relación de coexistencia entre desiguales.
En toda la historia de la humanidad,  hay recuentos de ejemplos de pueblos y grupos que demuestran presunciones a otros  de: vanidad, desprestigio, soberbia, sub-estimaciones, e intolerancia. Los faraones subyugaron al pueblo de Israel. Los europeos compraron y esclavizaron a negros del África. Los conquistadores explotaron y  diezmaron los aborígenes del llamado Nuevo Mundo. 

Las crónicas de la esclavitud, el feudalismo de la Edad Media, la explotación sin misericordia de mujeres y niños, la servidumbre mal pagada,  y el obrero migrante explotado, son vestigios intolerables que el mundo no debe permitir a esta altura de la civilización de la humanidad. Tener valores y reaccionar adecuadamente a las normas ético-morales, son factores que hacen encajar al ser humano,  plena y justamente en la sociedad; esto le da sentido de identidad y de pertenencia.


Saber que uno es aceptado y tratado con equidad y sensibilidad, le da sentido de identidad como criatura idónea y digna. Así se establece la condición inherente de pertenencia a la colectividad de la raza humana como seres creados a imagen y semejanza de Dios, y confiados de ver mejoramiento en todos los pueblos y naciones del mundo. Hay que predicar y luchar para que esto sea una positiva realidad; en verdad, los practicantes de la fe y la práctica cristiana, deben estar a la vanguardia de esta aptitud.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

SOUS LE CIEL DE PARIS

Aeropuerto Charles de Gaulle, aquí estoy. He arribado a la emblemática y soñada ciudad de Paris. Ahora, a  caminar en busca de inmigración y aduanas en este inmenso aeropuerto, siguiendo a la mayoría como si todos supieran hacia dónde ir. Algunos están más despistados que yo, pero al fin, preguntando, hallamos las vías de traslados hasta el siguiente punto.

 Nadie me espera, de modo que, o sigo las instrucciones para tomar transporte público, o me doy el lujo de pagar un taxi. Segunda opción, pues no soy tan aventurera y  solo tengo la dirección de un hotel y un mapa que marca dos puntos: la estación del subway en Gare del Est y, desde allí,  para llegar caminando, la señalización de  la ubicación del pequeño Soft Hotel.

La temperatura es muy fría para mí, pero mi abrigo de alpaca me mantiene cuidada. Abordo un taxi y el chofer (François)  es muy conversador en perfecto inglés, lo cual, me dio tranquilidad. Resulta que François había venido de vacaciones una vez a Samaná, y dijo haber disfrutado mucho su visita a mi país.  

En 35 minutos, estoy en la puerta del hotel. Una diminuta recepción y  una estrechita área  para restaurant  con pequeñitas mesas, me empieza a dar la idea de que nada allí será espacioso. Efectivamente, no solo el hotel sino cada lugar que me tocó visitar en esos pocos días demostraron una cultura parisina de reducción de tamaño.
Me esperaba una agenda de trabajo muy intensa y no había seguridad de que hubiera algún anfitrión disponible para ayudarnos a aprovechar la visita para conocer algo de la ciudad. Así, que apenas solté la maleta en la habitación y decidí aprovechar las horas que había ganado en el camino:  salí a la aventura de llegar, como fuere, hasta el único lugar que no estaba dispuesta a perderme de visitar: La torre Eiffel.

Encontré una cómplice: Marianne, colega del proyecto que procedía de Filipinas, tan desubicada como yo por primera vez en Paris, decidió acompañarme; compramos tickets para el metro, nos subimos, preguntamos, bajamos, subimos, nos devolvimos cuando nos pasamos, hasta que , al salir del subterráneo, empezamos a caminar en círculos tratando de ubicar el monumento, por un momento, creímos habernos equivocado, pero unos minutos más tarde, apareció ante nuestros ojos el objeto de nuestra aventura y saltamos de alegría.  ¡Ya! Llegué! 


Lo sé, hay mucho más que hacer en esta magnífica ciudad, pero yo, con llegar a  la torre me sentí más que realizada, bajo el cielo de Paris. 

miércoles, 3 de septiembre de 2014

LAMENTACIONES DEL PROFETA JEREMIAS

Por Telésforo Isaac
Obispo emérito Iglesia Episcopal/Anglicana
 
En la versión griega de la Santa  Biblia, conocida como Septuaginta o LXX, así como la Vulgata o Latina, ambas tienen una nota  que dice así: “Y sucedió que cuando Israel fue llevado al cautiverio (año 587,  a.C.) y Jerusalén quedó  devastada, el profeta Jeremías se sentó a llorar y entonó lamentaciones por Jerusalén”. En los dos casos, el libro de las Lamentaciones aparece después del libro de Jeremías, aunque no fue de la autoría del profeta; pero sí se puede decir que describen de manera concreta,  lo que él sintió  al ver la calamidad de la devastación del  pueblo hebreo por el exilio forzado a Babilonia, de la capa social más prominente de la nación. Las ediciones de la Sociedad Bíblica han continuado la tradición, y el libro de Lamentaciones sigue a Jeremías.

Aquí en la República Dominicana se oyen continuas y tristes lamentaciones de individuos y grupos.  Esto sucede  a todos los niveles y condiciones sociales. Los clamores que se oyen se deben a disímiles factores. No es por el exilio como  el caso de los israelitas llevados a Babilonia; más bien, es por la ausencia de los valores ético-morales; los señalamientos de corrupción e impunidad, las distorsiones de la justicia, el endurecimiento de corazones, la insensibilidad de conciencias críticas, la violencia familiar, la inseguridad social, y las innumerables fallas y males que inciden y azotan sin misericordia a la sociedad. 

Las lamentaciones en la sociedad dominicana, se hacen en el seno de la familia, en los grupos comunitarios, y por selectos  medios de comunicación; pero los gemidos de angustia y quebrantamiento de corazones, se sofocan debido a  las intrigas, las ambiciones irracionales de políticos apasionados, el carácter de empresarios codiciosos,  la aridez espiritual de dirigentes religiosos, y por la inercia, el silencio y la pasividad de los más indefensos  del pueblo.

 Las lamentaciones atribuidas a Jeremías, fueron cinco: 

Primero: el abandono de Jerusalén por la devastación. En el caso nuestro, es por la falta de equidad socio-económico,  la carencia y el justo disfrute de los bienes y servicios del conglomerado. 

Segundo: el profeta concibió que la ciudad fuera como una inmensa llaga adolorida, sin pronta esperanza de curación.

 Tercero: la ciudad se ha trasformado en desgracia, a falta de fortaleza de fe, y la  penuria de la justicia. 

Cuarto: la gran ciudad de Jerusalén es una piedra  preciosa, sin pulir. Santo Domingo es una metrópolis; más, en  estado caótico y faltante de seguridad social; y

Quinto: el pueblo llora, se lamenta por su condición imperante; pero, tal como el profeta Jeremías, el pueblo se lamenta;  reconoce su estado de privación y los vaivenes políticos; más,  “la esperanza de renovación y desarrollo continuado, se mantienen constantes y firmes, igual que el ancla mantiene firme al barco”. (Hebreos 6: 19).

martes, 2 de septiembre de 2014

EL PROSPECTO DE GERENTE


Un joven con un récord académico excelente fue a solicitar un puesto directivo en una gran empresa.

Pasó la primera entrevista, el director hace la última entrevista, y es quien toma la decisión final.

El director descubrió, a partir del análisis del Curriculum Vitae, que los logros académicos del joven fueron excelentes en todo momento, desde la escuela secundaria hasta la investigación de postgrado, nunca había tenido un año en el que no obtuvo excelentes calificaciones.

El director le preguntó: "¿Obtuviste alguna beca en la escuela?" el joven respondió "ninguna".

El director le preguntó: "¿Fue tu padre quien pagó los honorarios de tu escuela?" El joven respondió: "Mi padre falleció cuando tenía un año de edad, fue mi madre la que pagaba todo".

El director le preguntó: "¿Dónde trabaja su madre?" El joven respondió: "Mi madre trabajaba lavando y secando ropa. El director pidió al joven mostrar sus manos. El joven mostró un par de manos lisas y perfectas.

El director le preguntó: "¿Alguna vez ha ayudado a su madre a lavar la ropa antes?" El joven respondió: "No, mi madre siempre quiso que yo estudiara y leyera más libros. Además, mi madre puede lavar la ropa más rápido que yo".

El director dijo: "Tengo una petición. Al volver hoy, vaya y limpie las manos de su madre, y luego venga a verme mañana por la mañana".

El joven sintió que su oportunidad de conseguir el trabajo era muy alta. Cuando regresó, felizmente pidió a su madre para limpiarle las manos. Su madre se sentía extraña, feliz, pero con sentimientos encontrados,y mostró finalmente sus manos a su hijo.

El joven comenzó a limpiar las manos de su madre poco a poco. Sus lágrimas cayeron a medida en que lo hizo. Era la primera vez que se daba cuenta de que las manos de su madre estaban tan arrugadas, y con tan numerosas callosidades y contusiones. Algunos eran tan dolorosos que su madre se estremeció cuando los limpió con sólo agua.

Esta fue la primera vez que el joven se dio cuenta de que era este par de manos que lavan la ropa todos los días, lo que hacía posible pagar la cuota de la escuela y la universidad. Los moretones en las manos de su madre fueron el precio que pagó por su graduación, por su excelencia académica, y su futuro.

Después de terminar la limpieza de las manos de su madre, el joven lavó toda la ropa restante.

Esa noche, madre e hijo hablaron durante un tiempo muy largo.

A la mañana siguiente, el joven fue a la oficina del director.

El Director notado las lágrimas en los ojos del joven, le preguntó: "¿Puede usted decirme qué ha hecho y qué aprendió ayer en su casa".

El joven respondió: "Yo limpié las manos de mi madre, y también terminé de lavar toda la ropa que aun quedaba".

El Director le preguntó: "por favor, dígame qué siente."

El joven dijo,
Número 1, Ahora sé lo que es la apreciación. Sin la abnegación de mi madre, no habría tenido hoy éxito.
Número 2, Al trabajar juntos y ayudar a mi madre, sólo ahora me doy cuenta de lo difícil y duro que es conseguir que se haga algo.
Número 3, He llegado a apreciar la importancia y el valor de la relación familiar.


El Director dijo: "Esto es lo que estoy buscando en mis gerentes.

Quiero contratar a una persona que aprecia la ayuda de los demás, una persona que conoce el sufrimiento de los demás para hacer las cosas, y una persona que no pondría el dinero como su única meta en la vida. Usted está contratado."

Con el paso del tiempo, este joven trabajó muy duro, y recibió el respeto de sus subordinados. Cada empleado trabajó con diligencia y en equipo. El desempeño de la empresa mejoró enormemente.


Y TÚ ¿CUÁNDO LE LIMPIASTE LAS MANOS O PIES A TU MAMÁ?

--Desconozco al autor.