"Si no quieres perderte en el olvido tan pronto como estés muerto y enterrado,escribe cosas dignas de leerse, o mejor aún, haz cosas dignas de escribirse... - Benjamin Franklin


domingo, 15 de noviembre de 2009

COMER SIN HAMBRE/HAMBRE SIN COMER

Es notorio el papel protagónico de las picaderas y comidas en los eventos sociales en que participamos. La queja de muchos comensales  respecto a esos brindis, que fluctúan entre lo simple y lo espléndido, es que no pueden negarse a ellos y  que estos atentan contra sus regimenes dietéticos. En la más reciente velada que disfruté, una amiga (que días antes desfallecía por falta de energía debido a la rigurosa dieta que lleva),  me dejó boquiabierta cuando me pasó por el lado, llevando en una mano  un plato rebosante de lasagna, ensaladas, aceitunas y otras exquisiteces, y en la otra un gran vaso con soda. Al ver el desconcierto en mi rostro,  ella dibujó una sonrisita con  la que maquilló su sentimiento de culpa y me dijo: “Mañana vuelvo a la dieta”.
En nuestros hogares, la comida es un elemento alrededor del cual giran muchas dinámicas. Hay familias que, aunque humildes en recursos, se esmeran por poner en la mesa el fruto de una gran destreza y creatividad. Hay señoras que, aunque nunca saborearon el pan de la educación, tienen verdaderas maestrías cuando de cocinar se trata.  Hay también,  aunque en menor número, algunos caballeros que en materia culinaria nos llevan muchas millas a las “pretenders” que hacemos nuestro mejor esfuerzo frente a la estufa.

En esas dimensiones que acabo de referir, la comida es un arte y comer es un capricho, una dosis de placer que involucra, sin exagerar, todos los sentidos.

Un contraste surge repentinamente en mi reflexión: la sombra gigantesca de la crisis alimentaria que se extiende en el planeta. La realidad de que más de mil millones de seres humanos padecen de desnutrición crónica, debería ser un dato de mayor dominio público. Recientemente Jacques Diouf,  director de la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación)  hizo una huelga de hambre para mostrar solidaridad con los hambrientos y atraer la atención de los líderes  mundiales que tienen la prerrogativa de implementar las acciones ya definidas en los acuerdos hasta ahora logrados para revertir la crisis alimentaria. Eso me dejó pensando qué tanta influencia y eficacia tienen los organismos de esa naturaleza para lograr algún progreso medible y evidente. Percibo a Diouf como al profeta del mar de Galilea, “Una voz que clama en el desierto”.

Ahora (no se porqué) mi mente siempre asocia el concepto de la huelga de hambre con el ayuno, una disciplina espiritual practicada por la mayoría de las confesiones de fe en el mundo. Es una especie de rito en el que, de nuestra propia voluntad, prescindimos de comer por un tiempo establecido, con un propósito espiritual.

Resumiendo:
Entre los comen sin hambre y comen solo por capricho o placer,
Entre los que  se someten a dietas con objetivos de salud y belleza,
Entre los que hacen huelga de hambre,
Entre los que ayunan,
El hambre es una elección.
No hay miedos ni traumas
cuando se tiene garantizado
con qué saciar nuestro apetito.
Mientras muchos nos la pasamos comiendo sin hambre, aquellos millones pasan hambre sin comer, en una lenta y dolorosa forma de vivir muriendo. Quizá algunos de los que se cuentan en esa cifra, estén a poca distancia de nosotros. Consideremos seguir el principio que nos enseña la alimentación de los 5 mil  en el Evangelio. Jesús Peláez en un artículo titulado: “La multiplicación de los panes” escribe:
“Esta es la enseñanza de Jesús: el verdadero milagro no consiste ya en que cada uno se busque la vida por su cuenta (disolver la multitud) ni en tener dinero para comprar (lo que resulta imposible para gran parte de los ciudadanos de la tierra), ni en multiplicar el pan (como se puede hacer hoy gracias a la tecnología; aunque esto seguirá siendo necesario para abastecer a la humanidad). El verdadero milagro pendiente consiste en poner en práctica en la vida de cada día la enseñanza de Jesús: aprender a compartir, a poner en común lo que se tiene, a partir, a repartir y a servir.” Piénselo.