"Si no quieres perderte en el olvido tan pronto como estés muerto y enterrado,escribe cosas dignas de leerse, o mejor aún, haz cosas dignas de escribirse... - Benjamin Franklin


martes, 17 de noviembre de 2009

EL PUENTE


Por Alan Bachmann.
Traducido por Georgina Thompson.
Entre cualquier par de culturas hay un puente que cruzar. Algunos nunca lo hacen. Mientras menos equipaje cultural cargamos al cruzar dicho puente, será más fácil llenar nuestras vidas con la cultura a la que nos hemos comprometido. La resistencia aparece casi de inmediato si confundimos los sentimientos patrióticos  con el rol de embajadores para representar al Señor tan libres como sea posible de los accesorios culturales del “otro lado del puente”.

El tiempo  nos enseñó algunos trucos. Mas adelante, cuando estudiaba para los exámenes de admisión de la universidad Brasileña, las discusiones políticas  cesaban rápidamente cuando mi respuesta era: “Hey, yo nací allá, pero vaya y busque  a quienes sepan sobre política americana y pregúntele a ellos.”. La implicación era que yo era políticamente ignorante.  Llegamos a ser amigos y ellos comenzaron a exaltar su cultura y sus perspectivas.

Años más tarde cuando la gente preguntaba mi nombre, yo giraba hacia un real acento alemán  sobre Bachmann, así que en los diferentes países de Latinoamérica donde trabajé, ellos exclamarían sin sentimientos negativos: “alemán ¿verdad? A lo que yo solo añadía: ¿Cómo se dio cuenta?  Y ahí terminaba la cuestión de las raíces. Si usted no hace un caso de esto, los demás tampoco.

Cuando llegamos a Brasil, pronto tuvimos una primera impresión del cruce del “puente”. Con una aguda observación y el útil consejo de amigos brasileños muy pacientes y solidarios, muchos contrastes salieron a la luz.  Regla numero uno: cualquier cosa que tratamos de comparar con nuestra cultura de origen, probablemente tendría un marcado contraste con ella.

En el Brasil del ayer, las camisas de los hombres eran ajustadas, aun en las mangas y tenían 5 botones.  Los pantalones tenían buena terminación y lucían muy elegantes. Los zapatos eran muy bien hechos, siempre de piel real.  En ese entonces, la mayoría de los trajes eran hechos por sastres o modistas, que abundaban en esos días y todos era muy buenos en su negocio. La globalización ha hecho una devastación de raíz en la cultura y la identidad brasileña.

Yo tenia un estupendo traje de lino blanco, hecho para “reuniones domingueras” Yo quería lucir como cualquier hombre del pueblo. La identidad surgió cuando visité una modista  quien tenía una larga carrera  en la costura para mujeres de clase alta, con mucha demanda y buena paga.  Esta señora sabía que yo era americano. Cuando  me abrió la puerta me miró a mí y la ropa que vestía, ella exclamó espontáneamente:

“¡Usted es brasileño!” fue una ilusión momentánea. Me sentí muy bien. Al menos estaba logrando parte de la apariencia correcta en este lado del puente.

Bárbara entró en contacto con una chica que era secretaria ejecutiva. Ella caminaba a lo largo de la acera con una sobrina tomada de la mano.  Ninguna chica brasileña salía sola de la casa. ¡Eso daba un mal mensaje! Pronto la joven se detuvo en frente de la puerta de madera de la casa en que vivíamos durante la escuela de idiomas.

Nuestra hija Beth y la sobrinita pronto  se hicieron amigas desde la misma puerta. Bárbara y la joven llegaron a ser muy buenas amigas. Altanira empezó a llevar a Bárbara al mercado abierto  para comprar; a las peluqueras, a las modistas, a cualquier lado y a todos lados. Altanira se convirtió en una sombra de Bárbara y regateaba precios y hacia compras que Bárbara aun no sería capaz de hacer. Ella estaba aprendiendo  todos los trucos de su amiga.

Yo tomaba dos autobuses para atravesar el pueblo  cada mañana para ir a las clases de idioma. En el autobús, conocí un amable estudiante de leyes. Cuando Mario supo que yo quería conocer la mentalidad brasileña, y el cómo y el por qué de las cosas, se apegó a mí con todo entusiasmo. Era obvio para mí que aprendería mucho si no mostraba inconformidad o desacuerdo con todo aquello que contrastara con el otro lado del puente. Después de todo, él sabía lo que estaba diciendo. ¿Por qué cuestionar? La objetividad de mi parte era la clave para el aprendizaje.  No hacer comparaciones con la vida y práctica en el otro lado del puente, seria de mucha utilidad.

Una mañana, yo abordé el autobús con sandalias de piel y medias. Mario me miró visiblemente turbado. “¿Qué hace usted yendo a la escuela con fiebre, y encima de eso fue y se afeitó?” La presencia de las medias sugería que uno tenía fiebre así que también debía evitar afeitarse. Cada vez que usaba mis manos al hablar, si él me pescaba usando un gesto correspondiente al otro lado del puente, rápidamente me advertía sobre el ademán y porque no podía usarlo en la cultura. ¡Wao! ¡Aprendí rápido!