"Si no quieres perderte en el olvido tan pronto como estés muerto y enterrado,escribe cosas dignas de leerse, o mejor aún, haz cosas dignas de escribirse... - Benjamin Franklin


domingo, 9 de mayo de 2010

ROMPECABEZAS: MADRES E HIJOS DE LA CALLE

Eran las 10 de la noche. Yo regresaba a mi hogar después de un emotivo encuentro con mujeres que me invitaron a compartir una reflexión con el tema de la esperanza.
Entonces las vi: dos pequeñas niñas de 6 ò 7 años aproximadamente, en la isleta que divide la avenida. La luz del semáforo me detuvo justo al lado de ellas, que enseguida acercaron sus manitas al cristal del automóvil y con rostros de súplica, sin hablar, pedían “algo”.
La escena es frecuente en nuestras calles a todas horas y uno se pregunta ¿Qué de los padres de estas niñas? ¿Hasta qué horas y sometidas a qué clase de otros abusos se verán estas criaturas? ¿Qué futuro les aguarda?

Y esta mañana, mientras transitaba de nuevo en el auto rumbo al templo, vi a esta mujer caminando cuesta abajo por la calle, con zapatos de tacón, jeans y una corta blusa roja que dejaba expuesto su vientre. Avanzaba daba tumbos y gesticulando como si discutiera con alguien invisible. Al pasarla, noté que iba ebria o drogada. Supuse que regresaba a su lugar después de amanecer en alguna juerga; seguro intentaba ahogar sus penas en el alcohol. Pero las penas, oí a alguien decir, son nadadoras profesionales, y se hacen mas fuertes con cada copa.
No pude evitar armar un rompecabezas aquí, y pensar que esta mujer bien podría ser la madre de aquellas niñas.
Impotencia y frustración se entremezclaron en mi interior por unos minutos. Ya he oído de padres que mandan a sus hijos a pedir para ellos mantener sus vicios y estos que así viven y crecen, reciclan este lamentable círculo.

Esta tarde lluviosa y húmeda, releyendo a Ernesto Sábato[1] hallo que él se refiere a esta realidad cruda, y define a la niñez como la etapa más vulnerable de la vida: “De este tiempo se desprenderán para siempre las modalidades más hondas del ser humano, según  el amparo o abandono que hallamos sufrido. De ahí nuestra responsabilidad hacia los chicos que viven en las calles, sin el cuidado que estos años requieren, que viven en esa intemperie que arrastrarán como una herida abierta por el resto de sus días. Son 250 millones de niños los que están tirados por las calles del mundo. Estos chicos nos pertenecen como hijos y han de ser el primer motivo de nuestras luchas, la más genuina de nuestras vocaciones.”
¿Qué vamos a hacer?


[1] La Resistencia

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