"Si no quieres perderte en el olvido tan pronto como estés muerto y enterrado,escribe cosas dignas de leerse, o mejor aún, haz cosas dignas de escribirse... - Benjamin Franklin


miércoles, 1 de abril de 2009

MI DESCONCIERTO ANTE LA VIOLENCIA DOMESTICA

Frente a la vergonzosa realidad, en la que miles de personas a lo largo de nuestro continente están siendo agredidas física, emocional o sexualmente en el mismo seno de su hogar, expreso un modesto reto para vestirse de valor, para pronunciarse en contra, para buscar alternativas eficaces para las víctimas, para llamar a las cosas por su nombre; valor, que puede ser una semilla de transformación.

Gritos, golpes, llantos, agitación… luego un silencio espeso y aterrador. ¿Qué pasará dentro de esa casa? Se preguntan los curiosos vecinos. Al otro día, la señora sale sin hablar con nadie, con blusa de manga larga y anteojos oscuros, aunque el día esté lluvioso. ¡De nuevo se cayó por las escaleras!
Casos como este, o muchos otros donde el moretón está en la cara de un estudiante de primaria o en el corazón de un hombre ignorado e irrespetado, nos revelan una realidad dolorosa y desafiante. Miles de personas a lo largo de nuestro continente están siendo agredidas física, emocional o sexualmente en el mismo seno de su hogar.

Recientemente leí la información de una mujer que disparó contra su ex marido, quien se presentó en casa de ella desquiciado por los celos y empezó a golpearla. Pero la mayoría de las historias, igualmente trágicas tienen el final opuesto. Muchas mujeres son agredidas a diario y aunque las estadísticas de denuncias de maltrato se han disparado en la mayoría de nuestros países, igualmente ha aumentado la frecuencia en que una mujer e incluso sus pequeños hijos, son asesinados por su esposo, ex –esposo o novio. En algunos casos, el homicida ha recurrido a suicidio después de cometer semejante barbaridad. Literalmente, AMORES QUE MATAN.

La familia que fue diseñada por el Señor como fuente de bendición y sostén, además de muchos propósitos provechosos para las personas que la componen, de pronto se convierte en un núcleo amenazante y peligroso para la salud, en todas sus acepciones y ángulos. La esperanza de ser aceptado, alimentado, amado incondicionalmente se diluye en una marejada de insultos, agresiones u olvidos e indiferencia.

Pero, ¿porqué no sale de esa situación?, ¿es que nos se da cuenta? Podemos preguntarnos desde afuera. Culpamos a la víctima por no hacer algo que cambie la terrible realidad en que vive. A veces hablamos a la ligera de un fenómeno complejo y profundamente lesivo para quienes lo sufren. Existen razones teológicas originadas en una interpretación equivocada de la Palabra; razones emocionales como una pobre autoestima y la cruel sensación de «merecer» el castigo; razones económicas que limitan la posibilidad de sostenerse a sí mismas y a los hijos, además de la vergüenza y una ingenua esperanza de que un día todo cambiará.

El abuso no es una forma válida ni aceptable para expresar la ira y la frustración; es más bien, una forma equivocada de las relaciones de poder y una expresión de dominación; por lo tanto es nuestro deber, urgente e ineludible, oponernos en las maneras que podamos a su «legitimidad cultural». Los cristianos debemos traducir el sueño de Dios para este mundo adolorido y confundido; su sueño de paz, de inclusión, de compasión y de amor para todos: mujeres y hombres por igual.

Es necesario revestirse de valor. Valor para pronunciarse en contra, valor para buscar alternativas eficaces para las víctimas, valor para llamar a las cosas por su nombre; valor, que puede ser una semilla de transformación.

Los pulpitos de nuestras iglesias, clamo, que sean usados para advertir que la violencia no puede seguir siendo parte de nuestros hogares, que el poder de la cabeza del hogar no es para maltratar, sino para proveer amor, sustento y protección. Ser cabeza de hogar no es usar el poder para manipular, sugestionar, chantajear a quien esta en desventaja. Es tan penoso saber de niños que no están siendo atendidos en sus necesidades de alimento, salud, educación, como un mecanismo barato y mezquino de agredir a una mujer a la que ya se ha maltratado de otras mil formas? Donde está el amor y la responsabilidad paternal? ¿Como se llego a esta situación?

Cada quien que me lee este dia, lo digo en el amor de Cristo, debe evaluar su propia forma de vivir y ajustar sus actuaciones a lo que el Señor espera de usted, independientemente de como actúen el otro¡. Roguemos al Dios Altísimo que nos ayude a erradicar de nuestra vida los pequeños y grandes actos de violencia que humillan y dañan, usualmente a quienes más amamos.

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