"Si no quieres perderte en el olvido tan pronto como estés muerto y enterrado,escribe cosas dignas de leerse, o mejor aún, haz cosas dignas de escribirse... - Benjamin Franklin


martes, 27 de enero de 2009

¿TE SIENTES CULPABLE?


La culpa puede despertar en nosotros los más terribles sentimientos de horror, ira y desesperanza. ¿Por qué hice lo que hice? ¿Por qué no hice lo que debí hacer? Y nos herimos con este tipo de preguntas, castigándonos, rechazándonos y aislándonos a nosotros mismos.

Hay dos formas de culpa: Una, la genuina, que viene como resultado cuando actuamos irresponsablemente. De hecho la culpa genuina es una condición más que un sentimiento. Pero Dios usa la aflicción por nuestro pecado para sacudir nuestras conciencias. Esa es una de las tareas del Espíritu Santo. En este caso la culpa puede significar un motivador positivo que nos lleva de rodillas ante el trono de la gracia y arrepentidos experimentar su perdón.

La otra es la falsa culpa, que puede ser mortal para nuestras emociones, destruyéndonos por dentro. Muchas víctimas inocentes de los actos inmorales de otros, por ejemplo, quienes han sido abusados, además del daño sufrido, quedan presas de una culpa que nunca debieron llevar. La falsa culpa es un instrumento del enemigo para hacernos creer que estamos en falta y a tal grado que no hay forma de remediarlo. Hay que liberarse de ambas culpas. De la primera, aceptando a Cristo como Salvador y abogado. Luego debemos identificar la causa de nuestro sentimiento de culpa, si es genuino, confesar y aceptar el perdón de Dios. Si es falsa la culpa, reprenda al enemigo declarando por la Palabra de Dios que Cristo pagó su deuda por completo. Recuerde también perdonarse a sí mismo.

A propósito del tema, recibí esta semana la siguiente ilustración:

LOS PATOS MUERTOS NO ALETEAN
Hace muchos años, un hombre rico fue a cazar patos con un empleado llamado Sam. Llevaron consigo un caballo y un carruaje, y por el camino se le salió un aro a una de las ruedas. Mientras Sam lo martillaba para ponerlo de nuevo en su lugar, accidentalmente se golpeó un dedo. De inmediato pronunció algunas malas palabras. Rápidamente se puso de rodillas y pidió perdón a Dios. Oró diciendo: “Señor, ¡es tan difícil a veces vivir la vida cristiana!".
"Sam -dijo el hombre- sé que eres cristiano, pero dime ¿por qué luchas así? Yo soy ateo y no tengo problemas como ese."
Sam no supo qué decir. Justo entonces, dos patos volaron por encima de ellos. El hombre levantó su arma y se escucharon dos tiros.
"Deja al muerto y ve tras el pájaro herido " -gritó. Sam señaló al pato que estaba aleteando desesperadamente para escapar y dijo: "Jefe, tengo una respuesta para usted. Usted dijo que mi cristianismo no es bueno porque tengo que luchar así. Y bien, yo soy el pato herido y lucho por alejarme del diablo. Pero jefe, ¡usted es el pato muerto! ".
Esa reflexión encaja con la descripción de Pablo de su experiencia cristiana en Romanos 7. La lucha es una evidencia de la obra de Dios en nuestra vida. El perdón de pecados está disponible, así que no te desesperes.
Recuerda: Los patos muertos no aletean.

Dios te declara “no culpable” por la sangre de Cristo.
“Justificados pues, por la fe, tenemos paz para con Dios” Romanos 5:1

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Sus comentarios son bienvenidos!