lunes, 5 de mayo de 2025

JESÚS, EL MÉDICO DEL ALMA


En Mateo 9:9–13, Jesús hace una declaración sorprendente: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores”. Esta frase revela el corazón de su misión. Cuando Jesús llamó a Mateo, un cobrador de impuestos, y compartió la mesa con otros “pecadores”, rompió con las normas religiosas de su tiempo. Para muchos, los cobradores de impuestos eran traidores y pecadores públicos, indignos de la gracia. Sin embargo, Jesús se acercó a ellos con compasión, no con condena.

Los fariseos, por otro lado, confiaban en su propia justicia, creyendo que podían agradar a Dios mediante su pureza religiosa y obediencia estricta a la ley. Pero en su esfuerzo por ser correctos, perdieron de vista la misericordia. Jesús los confronta diciendo: “Misericordia quiero, y no sacrificio”.

El mensaje es claro: Jesús no vino por los que creen no necesitar ayuda, sino por los que reconocen su necesidad. Él es el médico que vino a sanar a los enfermos del alma. Si creemos que podemos ganar el favor de Dios con nuestros méritos, cerramos la puerta a la gracia. Pero si reconocemos nuestra condición, entonces descubrimos que Jesús vino precisamente por nosotros.

Hoy, dejemos de lado todo intento de justificar nuestra vida por obras o apariencias, y acerquémonos humildemente a Aquel que no vino a buscar justos, sino a salvar pecadores.

Imagen: Pixabay de uso libre. 

 


lunes, 28 de abril de 2025

¿PUEDE JESÚS VER NUESTRA FE?

 

En Mateo 9:1-8 vemos una escena conmovedora: unos amigos, movidos por la fe, llevan a un paralítico ante Jesús. Mateo omite algunos detalles que otros evangelios mencionan, como el hecho de que rompieron el techo para bajar a su amigo. Sin embargo, el enfoque principal sigue siendo la fe activa de estos hombres.

El paralítico no tiene nombre. Esto nos invita a vernos reflejados en él. Muchas veces estamos espiritualmente paralizados, incapaces de avanzar por nuestras propias fuerzas. Solo la intervención de Dios puede restaurarnos. Jesús, al ver la fe de ellos, responde de una manera inesperada: no primero sanando el cuerpo, sino perdonando los pecados. Esta acción provoca sorpresa y escándalo entre los escribas, quienes consideraban absurdo que alguien pudiera perdonar pecados ajenos.

La reacción de los líderes religiosos nos lleva a reflexionar sobre la naturaleza misma del perdón. ¿Quién tiene autoridad para perdonar? Solo Dios. Y en este acto, Jesús revela su identidad divina. Al sanar al paralítico, confirma su autoridad no solo para restaurar cuerpos, sino también para dar vida eterna. Su resurrección de entre los muertos valida ese poder absoluto.

Hoy, también nosotros somos llamados a una fe viva, una fe que Jesús pueda “ver”. Una fe que no solo busca milagros externos, sino el perdón interior y la restauración completa que solo Él puede ofrecer. Así como el paralítico se levantó, también nosotros podemos caminar en una nueva vida, gracias al poder salvador de Cristo.

lunes, 21 de abril de 2025

LEVANTATE Y RESPLANDECE


“Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti.”
(Isaías 60:1)

¡La resurrección de Jesús es un evento para celebrar todos los días! marcó un antes y un después en la historia de la humanidad y marca un antes y un después en la vida de quienes encuentran en Cristo la salvación eterna.

En ese glorioso amanecer del primer día de la semana, la tumba quedó vacía y la oscuridad de la muerte fue vencida por la luz de la vida eterna. Es esa luz la que Isaías profetizó siglos antes: una luz que vendría a brillar sobre un pueblo que vivía en tinieblas.

El llamado de Isaías —“Levántate, resplandece”— encuentra pleno cumplimiento en la resurrección. Cristo, la Luz del mundo, se levantó del sepulcro, y con Él, una nueva esperanza se levantó para todos nosotros. Su victoria sobre la muerte no fue solo un hecho histórico, sino una invitación a levantarnos también nosotros de nuestra propia oscuridad: del pecado, del desánimo, de la desesperanza.

Los versos 2 y 3 de Isaías 60 anuncian que, aunque haya tinieblas sobre la tierra, la gloria del Señor amanecerá sobre su pueblo. Eso es precisamente lo que celebramos en la resurrección: en medio de un mundo caído, la gloria de Dios brilla en Jesús resucitado.

Hoy, el llamado sigue vigente. Levántate tú también. No permanezcas postrado por el pasado, por la culpa o por el miedo. Si Cristo vive, entonces hay poder para comenzar de nuevo. Su luz ahora habita en ti. Permite que esa luz brille en tu vida diaria: en tus palabras, decisiones y relaciones. Que otros puedan ver en ti la esperanza que solo se encuentra en el Cristo resucitado. 

lunes, 14 de abril de 2025

SALVANOS

 Reflexión en el Salmo 118

El Salmo 118 es una poderosa reflexión sobre el amor, la fidelidad y la salvación de Dios. Desde la promesa de Su amor eterno, pasando por las experiencias de angustia y liberación, hasta el cumplimiento en Cristo y nuestra respuesta de gratitud, este salmo nos invita a recordar que Dios es digno de nuestra confianza y alabanza. Que, al igual que el salmista, podamos reconocer Su obra en nuestras vidas y siempre dar gracias, sabiendo que Su amor perdura para siempre.

1. La Promesa (Versos 1 al 4): "Su amor perdure para siempre"

El Salmo 118 comienza con una invitación a dar gracias a Dios por su amor inquebrantable. En estos primeros versículos, el salmista nos recuerda que el amor de Dios es eterno, "para siempre". Esta es una promesa de fidelidad, un recordatorio de que, independientemente de nuestras circunstancias, el amor de Dios es constante y no falla.

Dios, en su amor, no solo está cerca en los momentos de alegría, sino también en los momentos de angustia. El salmista inicia con una declaración de gratitud, y nos invita a todos a unírsenos en esa alabanza. Es un recordatorio de que su amor es el fundamento de nuestra esperanza.

2. La Experiencia (Versos 5 al 21): "En mi angustia clamé al Señor"

A partir de los versos 5 al 21, el salmista comparte su experiencia personal de angustia. Clama al Señor en su momento de desesperación, y Dios responde. En esta sección, se describen momentos de lucha y tribulación, pero también la firme certeza de que el Señor escucha y responde.

El salmista menciona que su confianza en Dios fue puesta a prueba, pero que, al final, Dios lo libró. Aquí, podemos reflexionar sobre cómo nuestras propias angustias pueden ser momentos en los que buscamos a Dios más intensamente. Al igual que el salmista, podemos recordar que cuando clamamos a Dios, Él escucha y está dispuesto a responder, guiándonos incluso en medio de las dificultades.

3. El Cumplimiento (Versos 22 al 27): "Bienaventurado es el que viene en el nombre del Señor"

Los versos 22 al 27 nos presentan el cumplimiento de una promesa aún mayor: la venida del Salvador. El salmista profetiza sobre la piedra que los constructores desecharon, la cual se ha convertido en la piedra angular. Este versículo se ve como una referencia profética a Cristo, quien fue rechazado por muchos pero se convirtió en la base de la salvación para toda la humanidad.

Es un recordatorio de que Dios tiene un propósito más allá de lo que podemos ver en el momento. A veces, lo que parece ser un fracaso o rechazo es, en realidad, el cumplimiento perfecto del plan divino. Esta sección también nos invita a reconocer la importancia de la venida de Jesús, el verdadero cumplimiento de la promesa de salvación.

4. La Respuesta (Versos 28 al 29): "Dar gracias"

Finalmente, en los versos 28 al 29, el salmista expresa su gratitud por la salvación recibida. La respuesta a la intervención de Dios es la acción de gracias. En el contexto de nuestra vida cristiana, este es el llamado final: reconocer lo que Dios ha hecho por nosotros y dar gracias.

Esta sección nos invita a reflexionar sobre cómo respondemos a la fidelidad de Dios. La gratitud no solo se expresa en palabras, sino también en nuestra vida cotidiana, viviendo conforme a la voluntad de Dios. Cuando vemos la bondad y fidelidad de Dios, la única respuesta adecuada es darle gracias y adorarlo.

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lunes, 7 de abril de 2025

SIGUIENDO A JESÚS

Hoy quiero invitarte a reflexionar conmigo sobre lo que realmente significa seguir a Jesús. A veces usamos esa expresión con ligereza, como si se tratara de ser fan de una figura pública, de seguir famosos en redes sociales o simplemente de admirar a alguien desde lejos. Pero Jesús nos muestra que seguirle implica mucho más.

Sea cual sea el costo.

Mateo 8:18-22, Jesús nos hace ver que seguirlo tiene un costo. Uno de los hombres que se le acercó quería seguirlo, pero primero quería enterrar a su padre. La respuesta de Jesús puede parecer dura, pero nos enseña que los verdaderos seguidores de Cristo no se aferran a lo temporal, porque saben que su ciudadanía está en los cielos. Los seguidores de Jesús son peregrinos, y eso significa que a veces habrá que dejar atrás comodidades, planes personales o incluso expectativas familiares.

Sea cual sea la tormenta

Después, los versículos 23 al 27 nos llevan a una barca en medio de una tormenta. Jesús está con sus discípulos, pero ellos sienten que todo está fuera de control. ¿No te has sentido así a veces? Como si las tormentas de la vida fueran demasiado fuertes y Jesús pareciera estar dormido. Pero Él sigue siendo el Señor del viento y del mar. Solo su palabra basta para calmar la tempestad. La pregunta sigue siendo la misma hoy: ¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?

Sea cual sea la oposición

Finalmente, en los versículos 28 al 34, Jesús enfrenta una oposición inesperada. Libera a dos hombres poseídos. Es curioso notar que los evangelistas narran este episodio con algunos detalles diferentes. ¿Por qué? Tal vez porque cada uno enfatiza un aspecto distinto de lo que vieron. Lo importante es que todos coinciden en lo esencial: Jesús tiene autoridad sobre el mal.

Y aún más impactante es cómo la gente del pueblo reacciona: prefieren que Jesús se vaya antes que permitir que transforme sus vidas. Hoy también podemos cerrar el corazón. Si le decimos que no, una y otra vez, llegará el momento en que Él respetará nuestra decisión y se apartará.

Seguir a Jesús no es un camino fácil, pero es el único que lleva a la vida. Sea cual sea el costo, la tormenta o la oposición, vale la pena seguir al Maestro.

He decidido seguir a Cristo, no vuelvo atrás, no vuelvo atrás.

lunes, 31 de marzo de 2025

ÉL LLEVÓ NUESTRAS ENFERMEDADES

 

Una joven y hermosa mujer, esposa y madre, luchó durante años contra una condición que finalmente la llevó a su último suspiro. En medio del duelo, aquellos que la rodeaban mantienen la firme convicción de que, aunque su cuerpo ya no respire en esta tierra, ella despertó en el Cielo. Este relato nos recuerda que, aunque enfrentamos sufrimiento y muerte, la verdadera sanidad trasciende nuestra existencia terrenal. En el Evangelio de Mateo 8:1-17, vemos cómo Jesús sanó cuerpos, liberó almas y ofreció esperanza más allá de las circunstancias visibles. Hoy, reflexionamos sobre cómo su toque sanador sigue siendo la fuente de nuestra restauración, tanto en la vida como en la muerte.

Un leproso. En la época de Jesús, la lepra era una enfermedad de la piel que implicaba el aislamiento de la persona afectada. Nadie quería acercarse a alguien con lepra, pero Jesús lo tocó. Hoy, podemos padecer de lepra moral, aquella que nos aísla y nos llena de culpa, distanciándonos de los demás y de Dios. Sin embargo, Jesús quiere limpiarnos con su toque sanador.

Un centurión. Este hombre estaba muy afligido por la enfermedad de un siervo suyo. Siendo extranjero, podría haber sido percibido como indigno de la ayuda de Jesús, debido a sus raíces familiares. Pero él comprendía la autoridad, y apeló a que la autoridad de Jesús era suficiente. Aunque Jesús estuvo dispuesto a ir a la casa del centurión, Él respondió a la fe de este hombre, reconociendo su confianza en Su poder y autoridad.

La suegra de Pedro. Cuando Jesús llegó a su hogar, la encontró postrada en cama debido a una fiebre. Jesús tocó su mano, y al ser sanada, la mujer se levantó de inmediato para servir. Una persona sana sirve. Una iglesia saludable sirve.

El pasaje también nos relata que Jesús sanó a muchos, haciendo una distinción clara entre aquellos liberados de opresión maligna y los que simplemente padecían dolencias físicas. A todos, Jesús los sanó con Su Palabra.

Hay poder en el toque de Jesús,

Hay poder en la autoridad de Jesús,

Hay poder en Su Palabra.

Aunque en Su voluntad, hoy Jesús puede responder a nuestras oraciones sanando a los enfermos, la sanidad última trasciende nuestro "aquí y ahora". La esperanza del creyente, cuando fallece, es que la sanidad total comienza en la entrada a la eternidad.


lunes, 24 de marzo de 2025

RESTAURAR Y FORTALECER RELACIONES PERSONALES

 


Lo he visto y lo he vivido: las relaciones con familia, amigos, compañeros de trabajo o de iglesia pueden deteriorarse por malos entendidos, ofensas o diferencias de criterio. Sin embargo, el mensaje de Jesús en el Sermón del Monte (Mateo 5:33-48) nos muestra que las relaciones pueden ser restauradas y fortalecidas cuando aplicamos los estándares del reino de Dios en nuestra vida diaria.

Jesús nos llama a cuidar nuestras palabras. Prometer con ligereza, exagerar o no cumplir lo que decimos genera desconfianza y conflictos. Nuestras palabras deben reflejar integridad, pues de la abundancia del corazón habla la boca. Hablar con verdad y actuar en coherencia con lo que decimos es el primer paso para sanar relaciones.

Jesús también nos enseña a ir más allá de la resistencia natural al perdón. La ley de Moisés se basaba en la justicia de reciprocidad: "ojo por ojo, diente por diente". Pero Jesús nos invita a responder al mal con bien. Es un llamado radical, pero transformador. En lugar de devolver ofensa por ofensa, Jesús nos impulsa a ser instrumentos de paz y gracia.

Finalmente, amar a nuestros enemigos puede parecer imposible, pero Jesús nos mostró el ejemplo supremo en la cruz. Amar no significa justificar acciones incorrectas, sino elegir responder con compasión y orar por quienes nos han herido. Este amor refleja el corazón de Dios.

Sanar relaciones no es fácil y no siempre está del todo en nuestras manos, pero al vivir según los principios del reino de Dios, encontramos esperanza y restauración. Jesús no solo nos llama a sanar como hijos amados de Dios, también nos capacita para amar y perdonar.


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lunes, 17 de marzo de 2025

EL PELIGRO DE LA FALSEDAD


La falsedad se manifiesta en escenarios cada vez más amplios y sofisticados. Como siempre, el lucro suele ser el motivo detrás de las caretas de ovejas que muchos lobos utilizan. Las víctimas denuncian fraudes, robos de identidad, de cuentas bancarias y tarjetas de crédito, inversionistas criminales, mucho de todo. Se requiere estar bien alerta por que el asedio es constante y multidireccional.   Pero el fenómeno no es nuevo, y la fe Cristiana no está exenta del peligro.

La falsedad es una estrategia de Satanás para engañar y desviar de la fe, y para provocar descrédito a la causa del evangelio. En Mateo 7:15-23, Jesús nos advierte sobre los falsos profetas, aquellos que aparentan ser líderes espirituales pero en realidad desvían a otros del verdadero camino. En un tiempo donde los escándalos de liderazgo son comunes, es crucial estar alerta. No debemos ser ingenuos, sino discernir con sabiduría. Podemos confiar, pero siempre debemos verificar si aquellos que enseñan y guían realmente siguen a Cristo. Satanás causa más daño cuando se infiltra en la iglesia que cuando la ataca abiertamente desde afuera.

Jesús nos enseña que reconoceremos a los falsos profetas no por su doctrina, sino por sus frutos (Mateo 7:16-20). Es posible que sus enseñanzas sean correctas y que incluso firmen declaraciones doctrinales, pero su fidelidad a Jesús es la verdadera prueba. Un árbol saludable da buen fruto de manera natural; de la misma forma, alguien nacido de nuevo reflejará obediencia a Cristo en su vida. En cambio, un árbol enfermo produce fruto malo, incluso engañándose a sí mismo. El talento, los dones y el carisma no son señales de salvación.

Jesús no se deja engañar (Mateo 7:21-23). Muchos pueden lograr grandes cosas en su nombre, pero si nunca han tenido una relación genuina con Él, serán rechazados. La verdadera evidencia de la fe no está en los logros visibles, sino en una vida transformada por la obediencia a Cristo.

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lunes, 10 de marzo de 2025

JESUS NO ES SOLO EL CAMINO, TAMBIEN ES EL DESTINO

 

En Mateo 7:7-14, Jesús nos invita a acercarnos a Dios con confianza, pidiendo, buscando y llamando. Es importante considerar que este pasaje es una continuación del contexto donde se nos exhorta a no juzgar para no ser juzgados (Mateo 7:1-6). Ahora, Jesús nos dirige a centrarnos en nuestra relación con Dios, recordándonos que Él es un Padre amoroso dispuesto a responder nuestras oraciones.

Jesús enfatiza que debemos tener una idea correcta de Dios: nuestro Padre celestial que da buenas cosas a quienes se lo piden (Mateo 7:11). Esto nos enseña a orar, no solo por nuestras necesidades, sino también por salvación, reconociendo nuestra dependencia total de Dios. Lucas 11:13, un pasaje paralelo, añade que Dios da el Espíritu Santo a quienes se lo piden, mostrando que lo más valioso que podemos recibir es Su presencia en nuestras vidas.

En el versículo 12, Jesús resume la enseñanza de toda la Biblia en una sola regla: “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos”. Esto implica un llamado a la empatía, la verdad y el amor, independientemente de nuestras diferencias en política, religión o cualquier otro ámbito. Si vivimos según este principio, nos mantendremos fieles a la Palabra de Dios.

Luego, Jesús habla de dos caminos: la puerta ancha, que lleva a la perdición, y la puerta estrecha, que conduce a la vida (Mateo 7:13-14). El camino ancho puede ser atractivo, pero su destino es desastroso. En cambio, el camino estrecho, aunque difícil, tiene un destino glorioso porque nos lleva a Dios. Jesús dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6).

Jesús no solo es el camino, sino también el destino, porque Jesús es Dios. Al seguirle, encontramos vida plena y eterna. Busca el Camino, Pide Salvación, llama, toca la puerta y se abrirá para ti.


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lunes, 3 de marzo de 2025

¿CUÁLES SON NUESTRAS PRIORIDADES?


Basado en Hageo 1:1-15

El pueblo de Israel había regresado del exilio con la misión de reconstruir el templo de Dios. Sin embargo, el proyecto quedó en pausa porque surgieron otras prioridades. La incertidumbre política y económica los llevó a enfocarse en sus propias necesidades, postergando la obra del Señor.

Ante esta realidad, Dios envió a Hageo con un mensaje claro: es tiempo de priorizar lo que realmente importa.

El profeta les hizo ver que su descuido espiritual afectaba todas las áreas de su vida. Sus cosechas eran escasas, sus esfuerzos no daban fruto y su satisfacción era pasajera. ¿La razón? Habían puesto su bienestar por encima de su relación con Dios.

Una lección para nuestro tiempo

Hoy, el templo de Dios no es un edificio físico, sino su iglesia, su pueblo. Jesús nos ha llamado a edificar su casa a través del evangelismo y el discipulado. Sin embargo, al igual que los israelitas, muchas veces permitimos que las preocupaciones diarias nos distraigan y descuidamos lo eterno.

Dios nos llama a reflexionar:

  • ¿Hemos dejado a un lado nuestra misión por enfocarnos en lo urgente pero pasajero?
  • ¿Hemos permitido que nuestras preocupaciones financieras o personales tomen el primer lugar?
  • ¿Estamos verdaderamente construyendo la casa de Dios con nuestras vidas?

Nuestra respuesta

El pueblo de Israel escuchó el llamado de Hageo y respondió con reverencia y obediencia. Dios les aseguró que estaría con ellos en el proceso.

Hoy, el mismo llamado resuena en nuestros corazones. Es momento de examinar nuestras prioridades, derribar lo que nos aleja de Dios y ponerlo a Él en el centro. Cuando lo hacemos, su presencia y bendición nos acompañan en todo lo demás.

"Yo estoy con vosotros, dice Jehová." – Hageo 1:13 

viernes, 28 de febrero de 2025

¿CRÍTICO O CURADOR?

 

"Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas."Efesios 2:10 (RVR1960)

Recientemente escuché una reflexión inspiradora basada en la idea de que somos la obra de arte de Dios. Su iglesia, entonces, es como una gran galería de arte. Frente a las obras expuestas, podemos asumir dos roles: el de crítico o el de curador.

El crítico de arte analiza, interpreta y evalúa las piezas, emitiendo juicios según su percepción y criterios personales. En cambio, el curador es el encargado de seleccionar, preservar y presentar las obras, asegurándose de que sean valoradas y apreciadas. Su labor es la de un cuidador que resalta la belleza y el propósito de cada pieza.

Ante la obra de arte del Creador, ¿cómo nos posicionamos? ¿Somos críticos que solo juzgan y cuestionan o curadores que ayudan a que la obra de Dios sea expuesta, conocida y apreciada por otros?

lunes, 24 de febrero de 2025

VANIDAD DE VANIDADES

 


El libro de Eclesiastés comienza con una perspectiva sombría de la vida: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad” (Eclesiastés 1:2). La palabra "vanidad" en su significado original se refiere a algo efímero, como el viento o el aliento, algo que no perdura.

¿Qué podemos esperar de esta vida?

Eclesiastés nos confronta con una dura realidad: no podemos cambiar el mundo. Ni la naturaleza ni la condición humana están bajo nuestro control. Todo parece seguir un ciclo interminable sin verdadero progreso. Además, la vida decepciona. No hay nada realmente nuevo, no hay satisfacción duradera, y al final, seremos olvidados.

¿Cómo soportar esta realidad?

Ante estas verdades, podemos preguntarnos: “¿Qué está mal conmigo si aún vivo en un mundo como el de Eclesiastés?” Pero el evangelio no ignora estos problemas ni los borra; en cambio, nos dirige a la única respuesta duradera: Jesús.

La sensación de vacío y transitoriedad de la vida nos impulsa a buscar algo eterno. Mientras todo en este mundo es pasajero, Jesús está obrando en algo que permanece para siempre. En Él encontramos significado, propósito y una esperanza que va más allá de la vanidad de la vida.

Cuando reconocemos que este mundo no puede satisfacer nuestra alma, estamos listos para buscar al único que sí puede. Jesús llena el vacío de la vanidad con su verdad eterna.

lunes, 17 de febrero de 2025

A LOS JUECES LES PUEDE TOCAR EL BANQUILLO

 


Lo veo con frecuencia en las redes sociales: la gente se desborda al emitir juicios y ataques contundentes contra personas que, por lo general, ni siquiera conocen, todo en reacción a información que se publica y genera 'opinión'. Muchas veces, esta es una respuesta espontánea e instantánea, carente de los datos y el contexto necesarios para entender el panorama completo. En el mundo hay más jueces que acusados.

Juzgar es el acto de formar una opinión o criterio sobre algo o alguien a partir de la observación, la evaluación o la comparación con ciertos estándares. Puede implicar discernir y evaluar situaciones, conductas o ideas para determinar su valor o veracidad, así como dictar sentencia en un contexto legal. También se refiere a emitir juicios sobre las acciones o decisiones de otras personas, lo que puede llevar a la crítica.

En la Biblia, Jesús advierte contra el juicio hipócrita, instando a la autoevaluación antes de corregir a otros, pero también enfatiza la importancia del discernimiento para distinguir entre lo valioso y lo que no lo es.

La frase “No juzguéis, para que no seáis juzgados” (Mateo 7:1) es probablemente el versículo más conocido de la Biblia. Pero también es el más malinterpretado y mal aplicado. Jesús señala la tendencia, demasiado común, de enfocarnos en los problemas de los demás (la paja en su ojo) mientras ignoramos los nuestros propios (la viga en nuestro ojo) (7:3-4). Implica que tal vez aquello por lo que señalamos a otro, pueda ser motivo para que nosotros mismos eventualmente  también seamos llevados al banquillo de los acusados.

La subjetividad juega un papel fundamental en el acto de juzgar a otros, ya que las percepciones individuales, experiencias previas, valores y prejuicios influyen directamente en la manera en que evaluamos a los demás. Cada juicio que emitimos está filtrado por nuestra perspectiva personal, lo que significa que rara vez es completamente objetivo.

La regla es ineludible: primero lidia contigo mismo ante Dios.

lunes, 10 de febrero de 2025

TRES VERDADES QUE TE LIBERAN DE LA ANSIEDAD

 


Vivimos en la era de la preocupación y la ansiedad. En Mateo 6:25-34, Jesús nos dice: “No se preocupen por nada”. Esto suena más fácil de decir que de hacer, pero Él también nos enseña cómo lograrlo. La ansiedad es una batalla interior, y Jesús busca "reconfigurar" nuestra mente a través de preguntas.

1.    ¿Quiénes somos?


En el contexto del pasaje, vida equivale a alma. Nuestra alma es más valiosa que las aves y las flores del campo. Jesús ya nos ha invitado a poner nuestros tesoros en el cielo. Si nuestra prioridad es invertir en lo eterno, las cosas materiales no deberían ser causa de ansiedad. Nuestra vida está escondida con Cristo en Dios.

2.    ¿Cómo opera el mundo que nos rodea?

Las aves y las flores nos ofrecen una perspectiva diferente de la vida, por eso Jesús nos aconseja considerarlas. Contemplar la naturaleza es, en sí misma, una manera efectiva de combatir la ansiedad. Si Dios cuida tan bien de su creación, cuánto más cuidará de nosotros.

3.    ¿Quién es Dios?

En el verso 32, Jesús dice que nuestro Padre celestial sabe. En este contexto, los gentiles representan a quienes no tienen una relación personal con Dios. Para ellos, es natural enfocarse en la comida, la ropa y otras necesidades materiales. Sin embargo, como creyentes, tenemos la certeza de que Dios es nuestro proveedor y cuida de nosotros.

Jonathan Edwards señaló que, en el verso 33, Dios nos ofrece un trato: si damos prioridad a su Reino, Él se encargará de nuestras necesidades materiales.Trabajamos, nos ocupamos, pero confiamos en su fidelidad. 

Cuando la ansiedad intente dominarnos, transformémosla en un compromiso más apasionado con el evangelio. Canalicémosla como energía para la causa de Dios

lunes, 3 de febrero de 2025

CÓMO Y PORQUÉ HACER TESOROS EN EL CIELO

 

De más de una fuente he escuchado la afirmación de que el dinero es el tema más mencionado en la Biblia después del amor. Una posible razón es que el dinero compite constantemente por el lugar que solo Dios debe ocupar en nuestras vidas.

En Mateo 6:19-24, después de hablar sobre la oración y el ayuno como prácticas espirituales, Jesús se enfoca en el dinero. Nos invita a hacer tesoros en el cielo. Sabemos cómo depositar en una cuenta bancaria o ahorrar en una alcancía, pero podríamos preguntarnos: ¿cómo se deposita en el cielo?

Si entendemos el cielo en este contexto como el lugar donde Dios reina (el reino de los cielos, el reino de Dios), podemos reconocer que cuando el evangelio es predicado, el reino de Dios se extiende. Así que invertir en el cielo significa contribuir a la expansión del reino de Dios.

En la enseñanza de Jesús encontramos cuatro razones para invertir en los valores eternos del cielo:

1.    Es la mejor inversión. En esta tierra, los recursos están constantemente en riesgo. Hoy en día es común escuchar sobre hackers que roban la identidad de las personas y vacían sus cuentas en minutos. También sabemos de la volatilidad del mercado de valores.

2.    Invertir en el reino de Dios dirige nuestro corazón hacia el cielo. Jesús dijo: "Donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón." (Mateo 6:21).

3.    Le da significado a nuestra vida. La ilustración del ojo sano como fuente de luz para todo el cuerpo implica que, al invertir en el reino, nuestros ojos se abren al verdadero propósito de la vida.

4.    Es una decisión fundamental. Tener al dinero como señor no depende de cuánto tengamos, sino de nuestra actitud hacia él. Podemos poseer dinero y servir a Dios, pero no podemos servir a Dios y al dinero al mismo tiempo.

¿Cómo saber dónde está nuestro tesoro? Revisemos nuestras transacciones y reflexionemos sobre cómo usamos los recursos que Dios nos ha dado.