"Si no quieres perderte en el olvido tan pronto como estés muerto y enterrado,escribe cosas dignas de leerse, o mejor aún, haz cosas dignas de escribirse... - Benjamin Franklin


sábado, 6 de marzo de 2010

DEUDAS: EL QUE PAGA DESCANSA

Hay un paradigma que ha sobrevivido por siglos en la historia del hombre: Tanto tienes, tanto vales. Las metas personales de mucha gente se circunscriben a las posesiones materiales.  El mundo mide el éxito en dólares y euros. Este sistema nos presiona a vivir por encima de nuestra solvencia económica, a no tener capacidad de ahorrar y caer en la trampa de las deudas.

Tarjetas de crédito sobregiradas pagando altos intereses, préstamos bancarios, hipotecas, dinero prestado de parientes, facturas de servicios vencidas… ¡Ay de nosotros si encima se nos presenta una emergencia!

La Biblia no incentiva, ni siquiera recomienda que vivamos de prestado. Dice que “El rico se enseñorea del pobre y el que pide prestado es ESCLAVO del que presta”. Prov. 22:7

Don Jorge Thompson, mi padre, suele decir: “El que paga descansa”, y si usted se ha visto agobiado con el acoso de un cobrador compulsivo (de los cuales muchos tienen hasta que esconderse), si le han pasado a “legal” una cuenta, o está a punto de “Quemar las naves”, sabe de la ansiedad y angustia que genera las deudas, que ha llevado gente hasta el suicidio.

Esta semana entrevisté para el programa radial  a Jerameel Rosario, de Conceptos Financieros, una institución que capacita a las personas para lograr libertad financiera, y al plantear cómo hacemos para evitar las deudas, aconseja que organicemos nuestro presupuesto, determinando exactamente cuáles son nuestros gastos fundamentales, (vivienda, comida, transporte, educación, gastos médicos, seguros, deudas, ropa, entretenimientos…) y contabilizar con sinceridad nuestros ingresos reales. Al tener una idea clara del balance entre nuestros ingresos y gastos, si los gastos son mayores, hay dos opciones: Reducir gastos o buscar fuentes extra de ingresos para balancearnos.

En cuanto a salir de las deudas ya contraídas, hay que hacer una lista de las mismas, todas, de mayor a menor y hacer un plan de pago, dar la cara a nuestros acreedores, y mostrarles nuestra intención de pagarles. Disponer fielmente de abonar a cada deuda y al salir de las menores, sumar lo que se pagaba de esas a la siguiente en la lista, hasta ir cumpliendo con cada una de ellas. A veces se requieren sacrificios mayores, como vender un automóvil o un inmueble. Siempre será más saludable que dejar amontonar deudas con moras e intereses.

En otra entrega, abordaremos el manejo de las tarjetas de crédito.

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