"Si no quieres perderte en el olvido tan pronto como estés muerto y enterrado,escribe cosas dignas de leerse, o mejor aún, haz cosas dignas de escribirse... - Benjamin Franklin


lunes, 8 de febrero de 2010

BUENOS FRUTOS V -LA PACIENCIA-

Paciencia = Paz + Ciencia
 Hay que tenerla para pelar un coco.

El diccionario nos da tres definiciones de la paciencia. Primero, es la virtud de sufrir infortunios y trabajos sin perturbación del ánimo. En el camino de la fe, vemos que el propósito de las pruebas que atravesamos es producir en nosotros el fruto de la  paciencia. Cuando el mundo ve la actitud con que afrontamos los desafíos de la vida, glorifica a Dios.

También la paciencia es la capacidad de esperar tranquilamente las cosas que se desean mucho. Practicamos esta paciencia en la vida diaria: esperando que los hijos crezcan, terminen su educación y comiencen a trabajar, que podamos adquirir una vivienda, o un vehículo para la familia, etc., Pero hay cosas más importantes. El apóstol Santiago, animando a los creyentes dijo: “Tengan paciencia hasta la venida del Señor, el campesino que espera recoger la preciosa cosecha  tiene que aguardar con paciencia las temporadas de lluvia. Ustedes también tengan paciencia y manténganse firmes”.

La gente aun se ríe cuando los cristianos hablamos de la venida del Señor. El apóstol Pedro nos anima también: “no es que el Señor se tarde en cumplir su promesa, como algunos suponen, sino que tiene paciencia con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos se vuelvan a Dios.”

Y esto nos trae a la tercera definición: Paciencia es una actitud de calma y resignación. Esto es posible si estamos en las manos de Dios, porque nada nos puede separar de su eterno amor. Muchas situaciones pueden hacernos experimentar desesperación. Pero todas las cosas ayudan a bien a los que aman a Dios, esto es a los que conforme a su propósito son llamados.  Ni la tribulación o angustia, persecución o peligro, hambre o desnudez, ninguna cosa creada, ni la muerte, ni la vida, ni principados, ni potestades, ni lo presente ni lo porvenir, ni lo alto ni lo profundo nos separará del amor de nuestro Señor Jesucristo. Permitámosle entonces al Espíritu santo desarrollar el fruto de la paciencia en nuestras vidas.

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