Once de la noche del jueves 15 de Abril. Estoy a punto de conciliar el sueño cuando los gritos desconcertantes de un niño y de una mujer me espantan. Temo lo peor. Miro por las ventanas, pero la oscuridad de la noche y la copiosidad de los árboles que rodean mi entorno no me permiten identificar dónde está ocurriendo lo que oigo. Tengo ánimo de llamar a la policía, pero la verdad, estoy como “frisada”. ¡Si por lo menos supiera dónde es! Entonces clamé a Dios que todo se calme. Unos minutos de silencio, y los gritos se renuevan… esta vez presto atención: oigo a la mujer decir: “Vas a hacer que al niño le dé algo” y le responde una voz masculina “ojalà que le dé algo para que disfrutes eso también”. Si no lo hubiera escuchado, no lo hubiera creído, cómo una persona puede llegar a un nivel tal de cinismo, ciego ante el daño que causa.
Este mes proyecto Ana está pidiendo oración por las víctimas de violencia domestica. A veces somos indiferentes, a veces no tenemos fe que estas cosas se puedan enfrentar y solucionar efectivamente. A veces no tenemos forma de intervenir… es una pena.
Sigamos abogando porque las familias encuentren formas más adecuadas de enfrentar sus diferencias y conflictos, que dispongan de recursos sanos para canalizar sus frustraciones y enojos, y dejen a un lado la violencia con todas sus malignas consecuencias. Quiera el Señor que no sea tarde para muchos hogares.
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