"Si no quieres perderte en el olvido tan pronto como estés muerto y enterrado,escribe cosas dignas de leerse, o mejor aún, haz cosas dignas de escribirse... - Benjamin Franklin


jueves, 22 de abril de 2010

DETECTOR DE MENTIRAS

¿Qué tal le iría a usted si lo sometieran al detector de mentiras?

Hace pocos días un cuerpo armado de mi país dio de baja a un grupo de sus oficiales debido a que fallaron en una prueba del polígrafo. Recientemente también vi una película  de suspenso en que toda la trama gira en torno a las pruebas con el detector a las que un par de detectives someten al sospechoso de un crimen. (DECEIVER, 1997). El interrogado, un sujeto de alto coeficiente intelectual, usa toda suerte de artimañas para viciar el proceso hasta el punto en que se revierten los roles: los vicios y realidades ocultas de los detectives son puestas en evidencia con el mismo aparato.  “Hay dos lados para cada mentira”, sentencia el slogan de la película.

Sobre este tema, cito un par de párrafos del libro ¡CUIDADO CON LO QUE DICE![1]
“En ocasiones a usted no le creerán por lo que diga, sino por lo que todo su cuerpo dice mientras habla…. A veces la expresión del rostro es todo lo que otros necesitan para afirmar o negar la verdad.  Muy poca gente logra mantener una expresión que no diga nada.  El lenguaje corporal, transmite respuestas sin que emitamos una sola palabra. El rubor de la cara, la expresión de total incredulidad, o de sorpresa puede confirmar o negar una declaración. Si no somos sinceros, los movimientos de nuestro cuerpo pueden delatarnos.

El objetivo del detector de mentiras es medir las reacciones corporales que ocurren cuando se interroga a una persona. Los signos corporales del término medio de las personas sinceras cambiarán cuando digan una mentira. El hecho de mentir es algo que va en contra de las normas de conducta de una persona básicamente sincera y es posible registrar la dificultad que encuentra al verse forzada a decir una mentira.

Si, por el contrario, la persona es habitualmente mentirosa y no expresa ninguna emoción cuando se la obliga a mentir, entonces la máquina no registrará ningún cambio, puesto que el patrón de conducta mentirosa es “normal” para esa persona, y en consecuencia, no se presenta ninguna alteración física que pueda medirse.”

En resumidas cuentas,  encontramos individuos que se han convertido en profesionales de la mentira,  hàbiles para engañar hasta al polígrafo.  Personas que inescrupulosamente son capaces de tergiversar información o sacar partido a su favor en toda suerte de situaciones. Hacen mucho daño. Pero no han tomado en cuenta que Dios es luz y que no hay nada oculto que no haya de ser puesto en evidencia. Dios no puede ser burlado. La Biblia  enseña enfáticamente cuánto detesta Dios la mentira, no la trata con paños tibios, atribuyendo a Satanás ser el padre de la misma.
Es menester mantener la práctica de la mentira fuera de nuestras dinámicas de comunicación.


[1] Robert L. Genua. Editorial Norma.

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